miércoles, 23 de diciembre de 2009

No la envuelva, me la llevo así.



Si hay algo que disfruto es el regalo de la soledad.
Poder elegirla sin culpa. Poder vivirla sin causar pena. Poder recibir un "¿prefieres estar solo?" sin sentirme mal y sin que la otra persona lo haga porque soy un antisocial o no quiero a nadie o me debo estar muriendo de pena o cualquiera de esas cosas.
No.
Merezco la soledad cuando la elijo.
Después de vender campañas, asistir a reuniones, lanzar todo tipo de ideas y escribir muchas cosas más, merezco mis diez minutos en la oficina, mi paseo por el parque húmedo, mi noche a solas, mi abandono dulce y silencioso.
No entiendo a los que regalan un ipod y luego no paran de hablarte.
Entiendo a quienes se callan y miran lo mismo que tú, sin tratar de transmitirte sus neuras ni sus malas ondas ni sus perturbaciones.
Te aconsejo callarte. Te aconsejo de vez en cuando amar de lejos: no es malo. Te aconsejo cuidar al solitario y querer al abandonado, pero también respetar el silencio ajeno cuando el otro lo desea y le ha costado ganárselo.
Duro trabajo identificar cuál de los solitarios necesita compañía y cuál necesita, tan solo, una palmada en la espalda y oírte respirar en paz al verte llegar, al verte partir.
Feliz Navidad.

4 comentarios:

Ampariushka dijo...

¡Cierto! Y eso a veces es tan difícil de entender. Saludos solitarios y silenciosos. ¡Felices fiestas!

Ampariushka dijo...

¡Cierto! Y eso a veces es muy difícil de entender. Saludos solitarios y silenciosos. ¡Felices fiestas!

Mu.- dijo...

:)

Carla Castro dijo...

qué bonito esto.