jueves, 4 de febrero de 2010

Protégeme, escritura.

Cuando yo era niño mi educación fue católica y tengo mucho que agradecerle no a las jerarquías sino a la gente brillante y limpia que me transmitió valores, afectos e impulsos que hasta hoy me definen y me hacen bien. Yo, que era un chiquillo con un cuaderno bajo el brazo, creí siempre en el poder de La Palabra, pero para mí la palabra no era solamente la Biblia sino todo lo que se había escrito en el mundo, porque por alguna extraña extensión de sentido me imaginaba que si la Biblia la había escrito Dios, todo lo escrito en el mundo lo escribía Dios, y uno no era más que un downloader, un transcriptor, una antena. Era muy niñito para cosas así, pienso ahora, pero lo tenía todo tan claro.
Con esa idea venía otra: la del poder de lo escrito. Todo lo que se escribía tenía un poder, al menos lo invocaba porque algo quería, y ese poder era mayor o menor según mil circunstancias fantásticas de mi cabeza nueveañera. Y por eso me sorprendió cuando alguna vez, durante algún problema, mi abuela me habló de el texto más poderoso que conocía. No rezaba mi abuela, le bastaba con leer y punto. Y me lo leyó. Y lo invoqué hace poco, cuando alguien que quiero mucho estuvo en peligro, y sentí que funcionó, y esta semana salgo a agradecerlo y a pagar el bien que nos dieron. Y empiezo a hacerlo difundiendo este texto, este escudo, esta mano gigante y cuidadosa. El salmo 91. Recuérdalo cuando el río ruja y las rocas lluevan, cuando los rayos pretendan tocarte, cuando la tierra se ponga al revés. Y si te cuida, no lo pagues con maldad sino con sinceridad, entrega y buenas acciones. En eso sigo pensando como hace fú.


LA SEGURIDAD DEL QUE CONFÍA EN DIOS

La protección divina en medio de los peligros

1 Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
2 di al Señor: "Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío".

3 Él te librará de la red del cazador
y de la peste perniciosa;
4 te cubrirá con sus plumas,
y hallarás un refugio bajo sus alas.

5 No temerás los terrores de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
6 ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la plaga que devasta a pleno sol.

7 Aunque caigan mil a tu izquierda
y diez mil a tu derecha,
tú no serás alcanzado:
4c su brazo es escudo y coraza.

8 Con sólo dirigir una mirada,
verás el castigo de los malos,
9 porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo.

10 No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
11 porque él te encomendó a sus ángeles
para que te cuiden en todos tus caminos.

12 Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
13 caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes
1
4 "Pues a mí se acogió, lo libraré,
lo protegeré, pues mi Nombre conoció.
15 Me llamará, yo le responderé
y estaré con él en la desgracia.
16 Lo salvaré y lo enalteceré.
Lo saciaré de días numerosos
Y haré que pueda ver mi salvación".

2 comentarios:

M. Isabel dijo...

Espero que este no sea un post en tono cachita, porque el texto es muy hermoso.

Yo tampoco soy particularmente devota de papagayear oraciones prefabricadas, pero la Fe es algo muy personal que me ha acompañado toda mi vida, y espero no perder ese don.

Cariños.

Fredo dijo...

Increiblemente potente. Da ganas de creer, realmente.