viernes, 5 de noviembre de 2010

Siempre a favor, siempre en contra.

Yo escribo por oposición o por compromiso. Si veo una obra sobre el padre y el tema me compromete, escribo otra, mi obra sobre el padre. Si una forma teatral me compromete, la sigo, y si me comprometo con una actriz o un proyecto grupal, escribo para ellos. Pero también me opongo a algo, siempre. A la indiferencia. Al salvajismo. Al abuso. A la familia como cárcel o como estructura para perpetuar la estupidez. A algo. Siempre pienso eso cuando escribo, con qué estoy comprometiéndome y a qué me opongo. Y a veces me opongo a pequeñas cosas que me parecen inadmisibles o simplemente feas. Me opongo a poner demasiada gente en un escenario. Me opongo a los ruidos fuera de escena anticipando una acción. Me opongo a tocar temas religiosos (porque creo que el peor ateo es el que habla de Dios). Me opongo a poner a quienes desprecio como personajes de mis piezas: es casi hacerles publicidad. Me opongo a la comedia estúpida de quienes ríen sólo porque dando palmadas se creen felices. Me opongo a decirle a los demás qué pensar y qué creer (eso es entontecer y envejecer: pasar del creo que habría que hacer esto al ¡tienes que hacer esto porque ESTO es lo correcto!) porque pienso que los pensamientos no son papelitos que se recortan y se ponen abajo del vidrio del escritorio, los pensamientos son para pensarlos. Me opongo a hacer cosas sólo porque me tocan el alma: una obra tiene una función más grande que la de hacer de kinesióloga de mis sentidos o de mi ego. Me opongo a la imbecilidad de quienes se declaran superiores para que no se note que sólo hacen cosas bajas y viles. Me opongo. Y a la vez, me alegro. Porque nunca creí que para oponerse hubiera que rabiar o imponerse (aunque a veces hace falta, mucha falta). Me opongo haciendo. Allí empecé. Pensando que en todo compromiso hay una oposición, como que en todo amigo hay un feroz crítico y en toda gratitud hay una gota de odio. Nada más. Se nota que estoy aprendiendo de mi hija adolescente, y lo digo en serio.

Tú, habla. ¿A qué te opones? ¿Con qué te comprometes?


La foto es de Crowwalker.

4 comentarios:

Negra dijo...

Me opongo a que se prefiera la absurda obediencia frente a la sana felicidad.

Diva de Divas: Quesos Gourmet dijo...

Ya habia olvidado que bien puedes condensar sentimientos propios y que muchas veces son los ajenos. Hace muchisimo tiempo q no visitaba tu blog. Volvere a seguir leyendo. Bien.

Mu.- dijo...

Me opongo a la gente del PETA, me molesta que nos quieran convertir a todos en vegetarianos.

(me gustó tu post, césar)

Anónimo dijo...

Me opongo a la moda por que te hace unifome.
Me opongo al uniforme por que te hace 1.
Me opongo al 1 por que es solitario.

Beto Carreño