martes, 15 de julio de 2014

Un poema de William Butler Yeats

 Navegando hacia Bizancio 

 I 
 Éste no es un país para los viejos. Jóvenes 
 unos en brazos de otros, posados pájaros, 
 —esas generaciones por morir— en su canto: 
 y las cascadas del salmón, los poblados 
 mares de la caballa, pescados, carne o ave, 
 loan todo el verano el engendramiento, 
 lo que nace o que muere. Prisioneros 
 de esta música sensual y negligente, 
 los monumentos sin edad del intelecto. 

II 
 Un viejo es un menospreciado, camisa 
 colgada de un palo, salvo que el alma 
 cante, marcando con las manos 
 el compás, más alto a medida 
 que sea más andrajoso su vestido mortal. 
 Y como no hay escuela de canto 
 que no estudie las glorias de su propia 
 magnificencia, navego el mar y vengo 
 hasta la ciudad santa de Bizancio. 

 III 
 Sabios de pie frente al fuego de Dios 
 como en los dorados mosaicos, 
 vengan desde el sagrado fuego, aleteen 
 en la espiral, y sean los maestros 
 cantores de mi alma. Consuman 
 todo mi corazón. Enfermo de deseos, 
 atado al animal que ha de morir, 
 no sabe lo que es; absórbanme 
 de la eternidad en el artificio. 

 IV 
 Ya fuera de lo físico, no tomaré 
 forma de cuerpo en nada de lo que hay, 
 salvo en la que el herrero griego 
 hace golpeando y esmaltando el oro, 
 para tener despierto al Emperador. 
 Salvo también que me ponga a cantar 
 en una rama de oro a los señores 
 y damas de Bizancio, del pasado, 
 de lo que pasa y de lo que vendrá. 


 William Butler Yeats 
(Dublín, 1865 - Roquebrune, 1939) 
 De “Poemas completos”. Alción Editora. Córdoba, 2011 
Traducción de Eduardo D’Anna.

Aquí el original en inglés y otros poemas de Yeats.

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