martes, 20 de julio de 2010

La fuente de los candados


En una esquina de Montevideo hay una pileta, pequeñita, mal puesta, rodeada con una reja gruesa, como si fuera muy importante. Y lo es. Se llama la Fuente de los candados y si la miras bien, pues sí, está llena de ellos. Candados. Cada uno traído por una pareja que lo cierra allí para siempre tal como enganchan sus corazones. Llenos de promesas, de iniciales, de corazones pintados. Candados enormes y pequeñitos, candados con clave, antiguos, nuevos, de cobre o de hierro o de qué sé yo. Todos diferentes como los corazones. Lo cierras, besas a tu chica y tiras la llave en la fuente. Cuántas veces pasé delante de él con el corazón en la mano, qué bien hice en no engancharme, no arrojar la llave, no creer. Porque ahora la llave es mía y juego con ella, y le he sacado una copia para ti, en quien confiaré. Contigo vendré algún día y, aunque se rían todos, lanzaremos nuestras llaves.


1 comentario:

Negra dijo...

Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.

Tu boca que es tuya y mía,
Tu boca no se equivoca;
te quiero por que tu boca
sabe gritar rebeldía.

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Y por tu rostro sincero.
Y tu paso vagabundo.
Y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.

Y porque amor no es aurora,
ni cándida moraleja,
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.

Te quiero en mi paraíso;
es decir, que en mi país
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso.

Si te quiero es por que sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.