miércoles, 6 de enero de 2010

Antes de que me olvide.



Esta navidad hablábamos con Alicia sobre Papá Noel. Ella –y otras niñas de su cole, de entre ocho y nueve años- dudan. Así me lo dijo.


(TRANSCRIPCION TEATRAL. PAPA Y ALICIA JUEGAN EN EL SUELO. PAPA PREGUNTA ALGO, CASUALMENTE).

PAPA

Alicia, qué le pediste a Papá Noel?

ALICIA (DULCE Y SIN MIRARLO)

No sé papá… igual que algunas amigas… tengo mis dudas…

PAPA

¿Qué dudas, hijita?

ALICIA

Es que sospecho, papá… (SE PONE DE PIE Y SEÑALA CON EL DEDO A SU PADRE, ACUSADORA Y CON VOZ SERIA) Sospecho que Santa Claus… ¡ERES TU!

(MUSICA DRAMATICA. PAUSA. EL PAPA RESPONDE CALMADAMENTE)

PAPA

Alicia, ¿tú crees que yo gastaría un montón de dinero en juguetes para que tú estés feliz?

(ALICIA DUDA. VUELVE A SEÑALAR A PAPA CON EL DEDO)

ALICIA

Ya ves… CREO QUE ERES TU!!! Esta Navidad estarás pegado a mí y NO NOS SEPARAREMOS, ¿entendiste?

PAPA

Como tú digas.

(TRANSICION)


Y es que, como hablamos luego, para ella era difícil dejar de creer en ese viejito de rojo, porque Alicia tuvo en sus manos algo que nadie tocó nunca.

- Papá, yo tuve en mis manos la prueba de su existencia! (sic).


Cuando tenía cinco años, en Nochebuena y mientras jugábamos en el patio esperando que llegue Papá Noel, algo cayó al suelo y tintineó sobre las losetas. Alicia lo recogió. Era un llaverito –como esos de peltre o bañados en plata que le regalan a uno en el juego del amigo secreto de la oficina- y había caído del cielo, obviamente, pues ese patio no tenía techo. Alicia lo recogió. Miramos al cielo boquiabiertos y nadie dijo nada. Ella solo susurró:

Es… ¿es??? ¡Es…!

Lo guardó y seguimos jugando pero, a decir verdad, mirábamos al cielo más seguido. En un momento de distracción, algo más cayó, sonoramente: una llave antigua, como esas que todo el mundo guarda por ahí, pero grande, oxidada, usada. Alicia la recogió y dijo con certeza:

-Ha pasado Papá Noel y se le ha caído la llave de su casa. Va a tener que tocar el timbre.


Esa Navidad llegaron los regalos de Santa Claus, como siempre. Ella los agradeció, guardó llavero y llave y nunca más habló del tema hasta la siguiente Nochebuena.

-Creo que hoy devolvemos esto, -dijo de pronto esa noche y, de entre los miles de objetos de todo calibre que atiborraban sus cajones, sacó el llavero y la llave ensartada en él. No es nuestro.


Lo puso al pie del árbol, jugó y cenó sin intención de espiar y, en efecto, luego de llegar los regalos, llavero y llave desaparecieron. Pero hasta ahora ella recuerda haber tenido en sus manos la prueba de su existencia, y hasta ahora nadie en la casa encuentra para esto ninguna explicación.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay que soñar, soñar y soñar no hay que despertar nunca ni crecer!!!

César De María dijo...

Ni crecer, ni volverse indiferente, ni dejar de desear.

Mu.- dijo...

un día llegué a la casa cantando esa canción horrible uqe dice "papa noel papa noel viejo desgraciado, no me dejas, no me dejas ni un maní pelado"

cuando mi padre me escuchó, me sentó a su costado y me explicó que papá noel es un espíritu, es el espíritu de la navidad y que era de muy mal gusto que ande cantando esas canciones porque él me escuchaba.

no sé quién me trae los regalos, pero yo nunca dejé de creer en el espíritu de la navidad (y tampoco nunca volví a cantar esa canción).

Lady Blue dijo...

:) mantener el deseo de creer y soñar en los niños, es un trabajo q los adultos debemos hacerlo hasta el final y sin dudar... felices fiestas cesar! y ensoñaciones para tus niñas.

LB