martes, 1 de marzo de 2011

Estoy a favor de que estés en contra.

Mi nombre es Carlos Galiano. Tengo 24 años. Como cualquier otro ciudadano, convivo por estas semanas con la agresión visual de los candidatos a la presidencia y al congreso de la república. Todos buscan un sitio en el aparato estatal –algunos con propósitos más nobles que otros- y desarrollan una “estrategia” publicitaria para lograr su cometido.

Hace algunos días, en medio de esta jungla de carteles, me detuve porque uno me llamó poderosamente la atención: Un chico de 25 años, José Pareja,está postulando al congreso por el partido “Fuerza 2011”, de Keiko Fujimori. El slogan de su campaña publicitaria: "la fuerza de la juventud". ¿La fuerza de la juventud? ¿Qué juventud? Este chico representa, en el mejor de los casos, a una juventud desinformada, timada y subestimada; en el peor, a una juventud convenida, arribista y desconsiderada. En ningún caso representa a la juventud. Ya es lo suficientemente vergonzoso que Keiko Fujimori quiera ser presidenta y que haya gente que la respalde, como para tolerar que además se pretenda sumar a la juventud a sus filas. Me niego.

Yo no conozco al joven Pareja, pero la idea de que se me relacione con él me produce indignación. Un joven de mi generación debe estar enterado de los sucesos ocurridos durante el gobierno de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos; debe saber que ese gobierno trató a los miembros de toda una nación como unos minusválidos mentales; que puso en marcha una maquinaria de corrupción de tan alto nivel que seguiremos topándonos con tentáculos suyos por lo menos un par de décadas más, que el saldo dejado no es positivo por más que se haya “erradicado” el terrorismo (dato que no es cierto). Un joven de mi generación debe saber que es un hito importantísimo en nuestra historia que se haya juzgado a ambos señores y que hayan sido declarados culpables, porque significa que sus crímenes no han quedado impunes, porque significa que esos señores estaban equivocados y que nosotros no somos ningunos huevones. Todo eso debe saber un joven cualquiera de mi generación. Pero esta vez no me estoy refiriendo a un joven cualquiera, sino a José Pareja. ¿Quién es?Busqué información sobre él en internet y me di con la sorpresa de que es un joven abogado egresado recientemente de las canteras de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Un profesional preparado en una de las mejores universidades de su país decide incursionar en la política del mismo postulando a congresista de la república, y su mejor opción para hacerlo es desde la dinastía Fujimori. ¿Qué debemos entender por eso? Tenemos algunas opciones:

  • Sabe muy poco de lo ocurrido durante el gobierno de Fujimori y de sus consecuencias, y le han creer que apoyar a Keiko es una buena opción.
  • Sabe lo anterior pero no le interesa. Sólo quiere ser congresista y Keiko le dio la oportunidad de intentarlo desde su partido.
  • Piensa que el gobierno de Fujimori tuvo un balance largamente favorable y que el país se merece repetir el plato de la mano de su hija. Así, sumarse a sus filas es un honor.

Cualquiera de estas opciones no califica como producto del discernimiento de un joven con educación superior y cuya profesión le debería haber hecho desarrollar un sentido de justicia y respeto.

Alguien que se maneje entre esas 3 posibilidades no es digno de ser representante de nada, y menos de la juventud, siempre llamada a ser la heroína por tener menos manchas que la senectud.

Yo soy joven y me indigna ver a José Pareja en numerosos carteles por toda la ciudad en los cuales se presenta como simpatizante de Keiko Fujimori y miembro de sus filas, y ostentando la fuerza de la juventud.

Me niego a tolerar eso.

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Carta de un amigo, que por no tener blog, me pide publicarla y lo hago con gusto.

jueves, 24 de febrero de 2011

Notas que tomé en el cine en una postal de Nike

Cisne blanco del arte, tú me das el regalo de crear pero me obligas a morir pariendo. Me alegras y me quiebras, me bendices y me sajas en mitades y cuando te pido más me cobras la vida. Nadie se da cuenta. Sonrío, me peino, tiemblo con disimulo pero el frío de mi pecho lo quebranta tu rompehielos. Muero sonriendo. El artista es una madre que fallece al parir y susurra: alguien lo querrá, lo admirarán, lo mencionarán con amor y seré yo quien le doy la vida, el color, la armonía, el primer aire. Me muero dándole a otros lo mejor de mí, de este yo tan sucio, tan enfermo y tan triste.

Tú eres como yo. Bailas, pintas, escribes, cantas, te mueres. El odio y el egoísmo te hacen negarle todo a esa gente zafia que escupe mientras grita. La entrega y el amor propio te hacen brillar y volar en llamas hacia el vacío de sus ojos, de sus mentes, de su memoria. Es el cisne de luz el que crea mi sombra, el que me acerca a mi muerte, el que me reta, me insulta, me asusta para echarme a volar alto. El me corta las yemas de los dedos y clava trozos de espejo en mi corazón. Me odia y por eso se multiplica: es mi madre castradora, es mi rival del trabajo, soy yo misma despreciando mi reflejo. Es la muerte pero no me quiere muerta. Me quiere triunfadora, bella y feliz. Hay que tenerle miedo pero no hay que dejar de oírlo. Quien no tiene cisne blanco no ama, quien no tiene cisne negro no se eleva. Cisne blanco de la creación, Cisne negro de la muerte.

lunes, 21 de febrero de 2011

Y que los necios rebuznen.



Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931, al inaugurar una biblioteca.

"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?.

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.


martes, 15 de febrero de 2011

José Antonio, encabalgando.


Palabras

Detrás del amor, las palabras oscuras,

y detrás del silencio, las palabras oscuras,

y detrás de tu cuerpo, las mismas palabras

oscuras como los días, tercas como los besos

disparados sin remordimiento, las palabras

que bajan, ríen, corren como lobos en celo

y destrozan tus cabellos, saltan

y no regresan, y se desparraman, o no llegan

y lanzan un grito estridente, sin dejar de ser oscuras,

y llenan de burbujas esta habitación,

hasta que locas se tienden donde el sueño las alcanza

y son para colgártelas al pie de la mañana,

limpias.



De Poemas no recogidos en libro de José Antonio Mazzotti, peruano; su primer libro, ganador de los Juegos Florales en San Marcos en 1980 y editado en 1981. En la foto -tomada del blog de Rocío Silva Santisteban- Mazzotti es el segundo de la izquierda.

sábado, 12 de febrero de 2011

26 años de la muerte de Julio Cortázar.


La foto salió movida.

Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos estan donde la llave, puede suceder que encuentre la biiletera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del télefono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblenrente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo esta algo ladeado lo que ve es el paraguero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para que. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y tambien las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.

(De Historias de cronopios y de famas, de Julio Cortázar. El dibujo es de Eddo).

miércoles, 9 de febrero de 2011

César Calvo, recordándote.

DAN LAS CAMPANAS TU RECUERDO EN PUNTO

Dan las campanas tu recuerdo en punto.

Afuera se pasean las dos de la mañana.

Nada pudo diciembre contra el semestre tuyo.
Nada el sol silencioso contra tu sombra hablada.
Desde el fondo de todo
lo que tengo,
me faltas.

Dan tu recuerdo en punto las campanas.
Y afuera se pasean,
de una
en una,
las dos
de la mañana.

Poemas bajo tierra, Lima 1960.

viernes, 28 de enero de 2011

Tú tampoco lloras.


Pájaro azul

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate adentro, no voy
a dejar que nadie
te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero le echo whisky encima y aspiro
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los barman
y los empleados de las bodegas
nunca se enteran
de que está
allí.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate abajo, ¿quieres
hacerme problemas?
¿quieres arruinar
mis obras?
¿quieres destruir las ventas de mis libros en
Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero yo soy muy inteligente, solo lo dejo asomarse
a veces de noche
cuando todos duermen.
le digo sí sé que estás ahí,
no te pongas
triste.
luego lo vuelvo a guardar,
pero él canta un poquito
ahí adentro, no lo he dejado
morir totalmente
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan placentero que
puede hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro, ¿y
tú?


El poema es de Charles Bukowski, Blue bird. Lo traduje anoche. La foto es de Jonathan Greenwald.

domingo, 23 de enero de 2011

Palabras son puentes

Pasó por Lima, y por el teatro donde estaban poniendo una obra mía, Carlos Espinosa Domínguez, investigador teatral que ha puesto el ojo sobre el teatro peruano y lo analiza en los últimos años con profusión y esmero, llevando nuestra creación a miles de personas que, fuera del país, poco saben de ella. Me regaló algunos libros de su autoría -que ya comentaré- y el número 332 de la revista Primer Acto, que incluye un rico dossier dedicado al teatro peruano, con textos de Ernesto Ráez, Tomás Temoche, Miguel Rubio y el mismo Espinosa, además de la obra Vladimir de Alfonso Santisteban. Lo leo y releo –porque confieso que de la crítica inteligente y de los análisis sociales salen muchas buenas obras- y lo recomiendo.

Copio una pequeña parte del editorial ardiente e inteligente que escribe el director de Primer Acto, José Monleón.

IV

Surge aquí una cuestión fundamental: ¿Puede el mundo de hoy encontrar en la experiencia política sus caminos para el futuro? Amin Maalouf, en su sugestivo libro El desajuste del mundo, acaba de decirnos que no. Transcribo de su prólogo el siguiente párrafo:

“En la etapa actual de su evolución, la humanidad se enfrenta a peligros nuevos, sin parangón en la historia, y que requieren soluciones mundiales inéditas; si nadie da con ellas en un futuro próximo, no podremos preservar nada de cuanto constituye la grandeza y la hermosura de nuestra civilización; ahora bien, hasta el día de la fecha, pocos indicios hay que permitan esperar que los hombres vayan a saber superar sus divergencias, elaborar soluciones creativas y, luego, unirse y movilizarse para empezar a aplicarlas; hay incluso muchos síntomas que hacen pensar que el desajuste del mundo está ya en una fase avanzada, y que será difícil impedir un retroceso”.

Maalouf pasa revista a una sucesión de episodios de la historia contemporánea y nos coloca, en cada caso, ante desenlaces que dejan abierta una cuenta pendiente, y reavivan viejas querellas religiosas, culturales, territoriales, ideológicas, sociales y de muy diverso carácter. Es lógico que millones de seres humanos piensen que, si la historia ha seguido así hasta hoy, cambiando simplemente el nombre de los vencedores y de las víctimas, no hay ninguna razón para que no siga igual en adelante. Contra esa idea se rebelan una serie de hechos que han alterado las bases de la realidad. Simplifiquemos: la comunicación ha establecido una nueva relación entre la diversidad. Cierto que todavía hay autoridades que vulneran la legalidad para no empadronar a los inmigrantes, y que ilustres gobernantes europeos parecen añorar el Holocausto para acabar con la inmigración; cierto que del orden político y económico que impide el desarrollo de continentes enteros –la patria originaria de la emigración- no se responsabiliza nadie; cierto que para algunos los mil doscientos millones de hambrientos, con su cuota diaria de muertos, simplemente no existen; cierto que algunos se burlan del cambio climático; cierto que el desarrollo del armamento parece inseparable de la normalidad… Inesperadamente, en vez de las respuestas racionales y coherentes, surgen profundas regresiones, nostalgias tribales, fantasmas religiosos, que ocupan el lugar del nuevo discurso político y económico que solicita la humanidad. ¿Qué hacer? Parece que plantearse la cuestión es tanto como desoír las demandas inmediatas de nuestra época. Pienso que eso es una expresión más de la pobreza de nuestra experiencia política.

sábado, 22 de enero de 2011

Los actores que podían demasiado

Fui a ver 39 escalones y me divertí mucho. Giovanni Ciccia, Cristian Ysla y Manuel Gold, muy bien acompañados por Emilia Drago, se lucen en una comedia que parece por momentos fuera de control pero que en verdad está muy bien manejada –en su código clownesco y burlón- por David Carrillo, su director.

La obra

La obra es una adaptación para cuatro actores de la famosa película de Alfred Hitchcock del mismo nombre. Lo particular es que obliga a dos de ellos a interpretar por lo menos 30 personajes, pasando vertiginosamente de uno a otro, incluso haciendo dos papeles distintos en la misma escena. Este recurso genera una contradicción muy rica y divertida: mientras la historia que el protagonista cuenta es un oscuro policial, llena de misterio y acertijos, la puesta hace todo a tal ritmo que nos salimos de la narración –que debería asustarnos o mantenernos tensos- para reírnos de esta obligación actoral de cumplir con lo que la obra exige pasando mil veces por el aro del cambio de personaje. Como no la he visto en otro país me pregunté al final si sería igual de payasesca en otros montajes o si la habrán montado con un poco más de seriedad, tratando de conservar el toque de film noir (que obviamente debe acabar viniéndose abajo). Esta doble vía expresiva, este contar en joda una historia seria me resulta inspirador y creativo, además de lo mucho que me aporta el ver una historia para muchos contada para pocos y con pocos recursos. Entonces vamos a eso.

Los recursos

Cuando digo pocos recursos me refiero a pocas cosas, poca inversión, poca escenografía, porque tratándose de recursos teatrales e imaginativos, tiene muchísimos: teatro de sombras, pantomima, farsa, stand up, impro, hasta ese extrañamiento burlón propio de las comedias de varieté. Los cambios de escena están muy bien resueltos con objetos, maletas, cajas y biombos. Las referencias a otras películas de este director (y su aparición) son deliciosas. Ysla y Gold hacen lo que quieren con la pelota y Ciccia compite con ellos persiguiendo el famoso Mac Guffin del señor Hitchcock, tan sencillo y tan útil para crear y entretener. Drago aparenta ser al inicio otra chica linda de las que ponen en las obras para que se vean mejor pero acaba imponiéndose y mostrando que no está allí solo por bonita sino por actriz.

Un placer recorrer estos 39 escalones en el Teatro Vargas Llosa, y como ya se acaba este fin de semana les recomiendo no perdérsela (error que cometí en la temporada del 2010). Eso sí, si van en tono serio y exigente van a perderse la mejor parte de todo, que es justamente la burla continua de esa seriedad, de ese lado ceremonioso y acartonado del teatro que algunos espectadores esperan. Vayan a buscar risa y les aseguro que la encontrarán. Y si escribes teatro anda, sorpréndete y aprende.

sábado, 1 de enero de 2011

Punto fijo


Cuando uno corre y se siente morir a media maratón decide fijarse un hito cualquiera como el punto desde el cual recomenzará la carrera. Esa señora de rojo, ese poste en la esquina, ese carro negro, a partir de allí volveré a correr, cobraré fuerzas, seré otro. Para eso sirve un año nuevo: para sentirse poderoso, para retomar la competencia, para darse nuevo impulso. Dividir un gran esfuerzo en partes asumibles es el mejor consejo para quien enfrenta una tarea inmensa, y no hay tarea más inmensa que la vida. Es verdad, es el efecto odómetro, está en los humanos creer que pasa algo mágico cuando los numeritos del cuentakilómetros marcan un 20000 o cuando la luna cambia o algo así. Pero sin esas divisiones, sin esos cambios o esos falsos amaneceres, la vida sería continua y aburrida como la banda que arrastra tus maletas en el aeropuerto. Y nadie quiere ser banda ni maleta ni piedra detenida.
Feliz 2011.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Postal

Yo te escojo hoy. Te escojo por lo bueno. Te escojo angustiado, molesto o impaciente, pero te escojo. Te elijo sin palabras, todos los días, y todos los días deseo que me elijas también. Nada más. Es eso, simplemente: escogerse el uno al otro cada noche. Decir: te vuelvo a tomar, con todo lo bueno y lo malo. Con una emoción sencilla, una que borra todo lo demás.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Uruguay, no sé por qué.

Uruguay es el pasado perfecto. Una infancia feliz. Un momento ausente. El inicio de todo lo que soy, lo que seré, lo que no he sido. Uruguay es el amor, la escritura, la memoria: el tiempo detenido. Uruguay es sepia, nublado, desenfocado, triste, pero a la vez esconde la luz de mil amaneceres que solo los más alegres pueden ver. Uruguay es una carta que llega cada semana, una foto en blanco y negro, una oración, un callejón sin salida, una sonrisa que se muestra sin destino. Uruguay es el silencio de un niño desesperado, es un sol que me abraza ocho veces y me abrasa ocho más. Uruguay es un mar calmo. Uruguay eres tú, fantasma que me tocas la frente para saber si tengo fiebre. Luz que se cruza en todos los pasillos. Cielo azul hecho de franjas y suspiros. Uruguay es tu presencia prometida.

No eres Papá Noel. Eres el árbol.



He pasado cinco años viviendo sin árbol de Navidad y dando como pretexto el no quererme llenar de adornos ni de complicaciones o el no creerme la postal publicitaria navideña que yo mismo le vendo a tanta gente. Y de repente, hoy, vamos a armar un árbol. Quizás mis hijas eran chiquitas y no tenía nadie al lado que quisiera formar un hogar o que supiera al menos qué era eso. Pero hoy me impulsan –me empujan, me jalan- mis hijas y sobre todo mi linda K., con tanto espíritu hogareño que no sé cómo agradecerle. Quizás la Navidad me genera emociones contradictorias y las he estado rehuyendo, tratando de impedir que se instale en el centro de lo oscuro. Quizás también le he corrido a sentirme niño, a esa misma sensación que me ayuda a crear y a entender mejor las cosas de la vida pero que, en Navidad, me cuesta encarar. Así como ser adulto significa que en las películas tristes no se llora, pues en Navidad ser grande es mirar por encima del hombro, descreer, resistirse. Pero ya no pude más y me derribaron y compraron las lucecitas y los adornos y hoy seré el jefe de familia que defiende tradiciones aunque no le gusten mucho, el-hombre-que-arma-el-arbolito, y a la vez el niño ilusionado y asustado ante la inmensidad del tiempo y de la muerte. Si todos estos ángeles me traen algo así, pues me toca aceptarlo y entender que esta Navidad me toca ser padre y niño, padre de mis nenas y niño de mí mismo, ese niño al que nos cuesta renunciar. O será que hago todo al revés y soy infantil cuando todos están serios y soy adulto cuando me toca ilusionarme y ser un chico… No puedo entender ni pienso hacerlo. Voy a hacer lo que deba, lo que sienta y lo que salga. Gracias, K., por tu espíritu y tu impulso, que espero corresponder con todo lo que mereces. Gracias chicas, porque los regalos no me los darán ustedes. Los regalos son ustedes.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Hay de todo

Hay la que se queda a dormir

Hay la que se queda dormida

Hay la que no te deja dormir

La que nunca dormiría contigo

La que provoca quedarse dormido

Hay la que duerme contigo y sueña con otra

Hay la que duerme con otro y sueña contigo

Hay la que por ti no duerme

Y hay la que odia verte dormir

Hay la que sueña con dormir contigo

O la que se mueve en sueños

hacia ti.

Hay la que solo el amor logra dormirla

Y la que despierta con la cama tendida

O la que te tiende la cama, además

Hay la que miente diciendo que cuidó tu sueño

Hay la que comparte el insomnio pero el sueño no

La que te hace sudar dormida más que cuando está despierta

La que gruñe y suspira más despierta que dormida

La que se agita y llora solo cuando duerme

La que sueña distinto en camas diferentes

La que cambia de soñador pero nunca de sueño

La que despierta a medianoche y brilla

Hay la que te hace cantar dormido

Hay la que te hace soñar despierto

Y hay una que sueña

lo mismo que tú.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Todos somos hogueras

Mi amigo me regala el libro con cariño, me dice escribe muy bien esta tipa y yo lo recibo agradecido. Tres meses después lo leo, encerrado en una filmación, y me dedico a destazar los mil errores que ni siquiera tiene la decencia de esconder. Errores tontos que me hacen insultarme en silencio diciéndome qué horror sentir que soy el Marco Aurelio Denegri de nadie. “Los dedos de Paula tronan a centímetros de mi cara”… “al borde de un ataque nervios” (así, sin de)… “con un discreta aplicación de raso” (sic)… verbos enredados como “pretende aparentar” y mil cosas de esas como “me dispongo emprender”, etc. etc. Sobran comas y peor: faltan puntos. Como a mi amigo lo quiero mucho lo callo todo y me digo con esa sabiduría pedante de quien cree que se autoeduca, algo sencillo y claro. Quizás Denegri lee un libro de esa manera cuando no hay otra cosa en él que llame la atención. Quizás eso nos quiere decir y ni siquiera se ha dado cuenta. Quizás un mal cuento, una novela sosa, un hatajo de personajes sin alma solo merezcan que se les busquen las redundancias, que se subraye su cacofonía, que les espulguemos lo superficial porque debajo de la apariencia solamente hay nada. Nada. Y es, para colmo, una nada poco atractiva, sucia y descuidada. Leemos con fuego y maldad aquello, que de raíz, no nos gusta.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Siempre a favor, siempre en contra.

Yo escribo por oposición o por compromiso. Si veo una obra sobre el padre y el tema me compromete, escribo otra, mi obra sobre el padre. Si una forma teatral me compromete, la sigo, y si me comprometo con una actriz o un proyecto grupal, escribo para ellos. Pero también me opongo a algo, siempre. A la indiferencia. Al salvajismo. Al abuso. A la familia como cárcel o como estructura para perpetuar la estupidez. A algo. Siempre pienso eso cuando escribo, con qué estoy comprometiéndome y a qué me opongo. Y a veces me opongo a pequeñas cosas que me parecen inadmisibles o simplemente feas. Me opongo a poner demasiada gente en un escenario. Me opongo a los ruidos fuera de escena anticipando una acción. Me opongo a tocar temas religiosos (porque creo que el peor ateo es el que habla de Dios). Me opongo a poner a quienes desprecio como personajes de mis piezas: es casi hacerles publicidad. Me opongo a la comedia estúpida de quienes ríen sólo porque dando palmadas se creen felices. Me opongo a decirle a los demás qué pensar y qué creer (eso es entontecer y envejecer: pasar del creo que habría que hacer esto al ¡tienes que hacer esto porque ESTO es lo correcto!) porque pienso que los pensamientos no son papelitos que se recortan y se ponen abajo del vidrio del escritorio, los pensamientos son para pensarlos. Me opongo a hacer cosas sólo porque me tocan el alma: una obra tiene una función más grande que la de hacer de kinesióloga de mis sentidos o de mi ego. Me opongo a la imbecilidad de quienes se declaran superiores para que no se note que sólo hacen cosas bajas y viles. Me opongo. Y a la vez, me alegro. Porque nunca creí que para oponerse hubiera que rabiar o imponerse (aunque a veces hace falta, mucha falta). Me opongo haciendo. Allí empecé. Pensando que en todo compromiso hay una oposición, como que en todo amigo hay un feroz crítico y en toda gratitud hay una gota de odio. Nada más. Se nota que estoy aprendiendo de mi hija adolescente, y lo digo en serio.

Tú, habla. ¿A qué te opones? ¿Con qué te comprometes?


La foto es de Crowwalker.

jueves, 7 de octubre de 2010

Que la gloria nos haga crecer

Lo bueno del Premio Nobel a Mario Vargas Llosa –además del orgullo de saberlo peruano, de sentirlo nuestro, de ser parte de su ficción- es sentir que su cercanía nos redefine a todos. Sentir, si eres novelista, que de repente alguien se interesa en ti llevado por este triunfo (como si al ganar Orham Pamuk te hubieras interesado por otros escritores turcos) o más sencillo aún: sentir que como peruano ya eres alguien un poquito más importante en la gran ficción literaria que aprecia –y que es- el mundo. Saber que esa calle que menciona en sus obras es la misma donde te has tomado un trago o donde besaste a tu primera chica, o que tus atardeceres son los mismos que él narró, que los dictadores que insultó son los que odiamos y los ofendidos que él cantó somos nosotros. La inmediatez de esa aura de grandeza siempre tiene algún efecto extraño, mágico, revelador, casi como la muerte pero al revés. Cuando alguien muere buscamos a quienes lo tuvieron cerca y revaloramos sus rincones, sus costumbres, sus palabras, sus pequeños objetos. Hoy con el Nobel busco en mi mente a los amigos que han actuado en una obra suya, a quienes vivieron en sus calles miraflorinas, a quienes se sacaron una foto con él o al abuelo inolvidable que me regaló ese libro. Y hoy, con este Nobel, somos todos más grandes pero somos también más chiquitos, y esa es otra lección. Una lección de dedicación, trabajo y consecuencia, incluso con ideas que quizás yo no comparta, pero consecuencia al fin, que ya es pedir mucho en estos tiempos en que el pastiche posmoderno justifica volar donde el viento mande o bailar lo que el dinero cante.
Ya no puedes seguir haciendo lo que haces.
Ya no puedes resignarte a ser útil y admirado sólo en tu aldea porque hoy has visto que se puede llegar más lejos, ser más grande a más distancia.
Ya no puedes trabajar pensando en la aprobación de tres o cuatro amigos de la prensa, sino en el aprecio exigente de una crítica mundial, más grande que este rincón.
Ya tienes que preguntarte si eso que haces merece que el mundo lo conozca, o si trabajando unos 15 años más merecerá al menos acercarse a esta fama, este reconocimiento y este aprecio universal, indiscutible y aleccionador. Qué vas a causar con lo que escribes, qué vas a transformar, qué vas a ser y hacer con tu obra.
Miro a mi alrededor después de esta noticia y todo me parece pequeño, mal hecho e inútil. Habrá que usar de impulso esta alegría para empezar a corregirlo todo.
Prometo empezar por mí.


La caricatura es de Omar Zeballos.

martes, 24 de agosto de 2010

Placeres simples

La frescura del primer sorbo de cerveza.
Quitarse los zapatos.
Las almohadas nuevas.
El olor de un auto cero kilómetros.
Saberse la letra de una canción.
Rascarse la espalda.
Almorzar huevo frito con arroz.
Tajar lápices.
El olor del café.
El calor de un abrazo.
Un sofá reclinable.
Dormir cansado.
La ducha caliente sobre la espalda.
Mirar un viejo álbum de fotos.
Dormirse en el cine.
Sacarse los zapatos.
El olor a bebé.
Los pies dentro del agua.
Un pan con mantequilla.
Llorar de risa.

La vida es tan densa a veces que ni siquiera disfrutamos los placeres más simples.

jueves, 29 de julio de 2010

La firma

Para poder aceptar que eres mi vida tendré que asumir que soy mi muerte y la muerte de todas las que fueron y la muerte de aquellas que podrían nacer entre mis manos como estrellas. Para decir tu nombre sin temores tendré que repetir primero el mío, hasta que esa palabra candente venza al tiempo. Para aceptar que tus ojos son eternos debo entender que los míos, algún día, han de cambiar la luz por el silencio. Me rindo, me arrodillo. Trato hecho.

El pantum de Camila



El profesor Marco Martos me enseñó a hacer un pantum. Me explicó cómo se repiten los versos y yo, aplicadísimo, hice cientos, ninguno que pueda reproducir aquí. Pero en cambio a mi hija le expliqué, en un arranque de paternitis, cómo hacer uno, y con más frenesí le impuse hacer uno antes de bañarse. No le pidan genialidad al apuro.

1 Escribe lo que quieras: no me friegues,

2 prefiero ir a mi laptop e ignorarte.

3 ¿Por qué te gusta hacer que me moleste?

1 Escribe lo que quieras: no me friegues.


5 Aburres tanto que casi me duele.

6 Apurémonos: ya quiero bañarme.
1 Escribe lo que quieras: no me friegues,
2 prefiero ir a mi laptop e ignorarte.

martes, 20 de julio de 2010

La fuente de los candados


En una esquina de Montevideo hay una pileta, pequeñita, mal puesta, rodeada con una reja gruesa, como si fuera muy importante. Y lo es. Se llama la Fuente de los candados y si la miras bien, pues sí, está llena de ellos. Candados. Cada uno traído por una pareja que lo cierra allí para siempre tal como enganchan sus corazones. Llenos de promesas, de iniciales, de corazones pintados. Candados enormes y pequeñitos, candados con clave, antiguos, nuevos, de cobre o de hierro o de qué sé yo. Todos diferentes como los corazones. Lo cierras, besas a tu chica y tiras la llave en la fuente. Cuántas veces pasé delante de él con el corazón en la mano, qué bien hice en no engancharme, no arrojar la llave, no creer. Porque ahora la llave es mía y juego con ella, y le he sacado una copia para ti, en quien confiaré. Contigo vendré algún día y, aunque se rían todos, lanzaremos nuestras llaves.


viernes, 16 de julio de 2010

Cómo dejar de hacer listas

Entrégate al deseo. Uno solo. Intenso, luminoso. Uno que no puedas dejar de mirar ni de seguir. Una columna de humo durante el día, una torre de fuego por las noches, solamente uno. Búscalo. No es fácil hallarlo. Cuando esté –porque no se crea, no lo creas, no te lo dan, no aparece: está- cae de rodillas. No pensarás en otra cosa. No desearás nada más. Se borrarán entonces todas las listas, la ropa de la lavandería, las deudas por pagar, los amigos por visitar, las ciudades que esperan tu mirada…

Así se escriben los grandes libros. Así aman los grandes amantes.

Es un cuerpo el deseo manifiesto. Ámalo centímetro a centímetro. Siente toda su piel y bajo ella los músculos y bajo ellos, los huesos. Tu esquizofrenia tratará de hacerte huir, querrá ponerte a pensar mil cosas nimias, te detendrá en pleno clímax para pedirte que anotes las fotos que puedes tomar y los correos que aún no has enviado. No pares. No pienses. No anotes. Blanquea tu mente quemándola en este deseo. Con cada lista que se incendie en él su fuego será más grande y alumbrará las noches de tu locura, de una locura diferente que no estará hecha de mil meteoritos sino de un sol inmenso, un deseo gigantesco que cree que te devora cuando en verdad eres tú quien se lo traga feliz e incandescente.


Para Diego

miércoles, 14 de julio de 2010

Y cavan y cavan


Hago bien o hago mal antes no sufría con esta pregunta ser responsable cansa ser responsable paraliza ser responsable es un ejercicio constante más que ejercicio un impulso indetenible un corazón que late salvo cuando muere hago bien es bueno para mí me dará felicidad qué consecuencias tendrá en mi futuro en mis hijas en mi trabajo hago mal creo hago muy mal dudo esto traerá violencia creo traerá muerte es probable esta pequeña manecilla es una lanza llena de dolor esta persona tan buena viene seguida de asesinos este botón que no sé si apretar ruge esta tecla que no anuncia nada puede estar llena de errores desconcierto maldad esta soga pesada o esta cuerda tan ligera si tiro de ella hago bien somos felices la vida se desenvolverá plácida como cae en cámara lenta una sábana sobre un lecho pero no creo pienso que hago mal veré rostros de desprecio maltrato angustia irritación crimen nadie te lo anticipa nadie te avisa no tires de la cuerda todos quieren lo que les conviene pero para mí no sé si hago bien o hago mal y si lo hago porque yo quiero y traigo penas haré mal y si no quiero pero lo hago porque insisten insisten insisten haré mal también me traeré pena a mí a mis nenas a mi madre tan vieja a mis hermanas que me miran como a un loco que insiste en cavar un pozo en la arena hasta que el colapso lo sepulta hago mal muchas veces y se nota hago bien y no lo recuerdo sigo cavando o me detengo me detengo pero me he rodeado de gente que cava y cava para sí misma aunque todo se derrumbe sobre mí no les importan mi alegría mi futuro que es tan corto mi sonrisa tan volátil nadie que te quiere te haría eso pero se quieren más a sí mismos y como quieren morir hacen mal no les importa sepultarte siguen cavando yo sigo pensando bañado de sudor de sangre de lágrimas que caen mojan la arena debí salir a tiempo hago bien si los dejo y me salvo por mis hijas por mi felicidad por mi estabilidad hago mal si me salvo y los dejo me pregunto hago mal si me salvo de los que me quieren pero ya es tarde el pozo de arena cae como los túneles que hacía de niño en la playa cavando con las manos hasta casi abrirme las uñas hasta oír mi corazón sobre las olas esos túneles que harán mis hijas sin entender el sentido sin importarles hacia dónde corren cuándo se inundarán cuánto enseña cada derribo cuándo llegará el día en que la arena fluya dentro del alma y corroa lastime queme despedace el mar canta el viento gime el aire sale de mí sin responder si hago bien o hago mal sin decirme cuánto me quieren los que me condenan cuánto me odian los muchos que me aman adiós responsabilidades parálisis sudor adiós cansancio adiós impulso indetenible adiós.

lunes, 5 de julio de 2010

Alejandro Romualdo, master admirabilis



A OTRA COSA


Basta ya de agonía. No me importa
la soledad, la angustia ni la nada.
Estoy harto de escombros y de sombras.
Quiero salir al sol. Verle la cara
al mundo. Y a la vida que me toca,
quiero salir, al son de una campana
que eche a volar olivos y palomas.
Y ponerme, después, a ver qué pasa

con tanto amor. Abrir una alborada
de paz, en paz con todos los mortales,
Y penetre el amor en las entrañas
del mundo. Y hágase la luz a mares.

Déjense de sollozos y peleen
para que los señores sean hombres.
Tuérzanle el llanto a la melancolía.
Llamen siempre a las cosas por su nombre.

Avívense la vida. Dense prisa.
Esta es la realidad. Y esta es la hora
de acabar de llorar mustios collados,
campos de soledad. ¡A otra cosa!
Basta ya de gemidos. No me importa
la soledad de nadie. Tengo ganas
de ir por el sol. Y al aire de este mundo
abrir, de paz en paz, una esperanza.

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Poema del maestro Alejandro Romualdo. Alguien lo hizo canción cuando yo era chico. Y no digo más.