jueves, 27 de noviembre de 2008

Hagamos Meme


Reglas para que hagas (este) meme:
>Linkear a la persona que nos escogió. (tú a mí, o yo a Camila, por ejemplo).
>Subir la imagen del Meme e incluir la fuente (la he linkeado a la fuente, cheka bien).
>Compartir 3 cosas que nunca hayamos hecho y nos gustaría hacer y 3 cosas que nunca hayamos hecho y nunca haríamos.
>Elegir 6 personas al final y poner los enlaces de sus blogs.
>Avisar a estas personas dejando un comentario en su blog.
Tres cosas que nunca he hecho y me gustaría hacer:
  • Vivir tres meses en una playa, o en el Cusco.
  • Comprometerme de verdad con alguien que me quiera de verdad.
  • Pasarme dos años enteros tomando fotos y escribiendo.
Ahora, tres cosas que nunca he hecho ni quiero hacer:
  • Negocios sucios.
  • Dejar de escribir.
  • Hemodiálisis.
Ahora elijo seis y uno más, de yapa:
Porque escriben bien, les importa lo mismo que a mí pero no piensan como yo.
Mi hija Sara Camila me lo envió y ahora te lo envío yo. Besos, abrazos, suerte.
Al blog de mi flaca llegarás cliqueando la imagen. Yo meme soy.

Me salvarán mis amigas


Mi hermano mayor era gordo. Murió de ACV. Mi hermana engordó cuando se enfermó de las glándulas suprarrenales. La curaron. Mi otra hermana es gordita desde niña. ¿Me volveré gordo? Una bruja me lo dijo hace 10 años. Lo había olvidado.

Lo había olvidado hasta ayer, cuando me encontré en facebook a una amiga vive en NY y que no veo hace años. Le mentí en broma cuando me preguntó ¿cómo estás?

 “Estoy calvo –le escribí- y peso 100 kilos”.

Dos días después me escribe desde Buenos Aires otra amiga, que trabajó conmigo: “jefe, ¿Cómo estás? Soñé que pesabas 100 kilos y que tenías la voz muy ronca…”

Salí a correr. Comí vegetales. Llegando a Lima me chequeo las suprarrenales.

Sabía que desaparecería


Sus cosas no estaban. Las luces encendidas. El incienso apagado. El viejo no entendía dónde podía haber ido la vieja. Vieja era un decir: No lo era tanto como él. En verdad era 20 años menor, pero eso no los separó nunca. El siempre le había dado todo, aunque nunca pudo entenderla por completo. Ella decía amarlo pero pese a eso era capaz de cualquier cosa. Cuando se conocieron ella le declaró su amor durante un año y, terminado el año, se fue a probar suerte con un banquero extranjero al que le aceptó un viaje pasional por playas paradisíacas que el viejo nunca conocería. Sin embargo, llamaba al viejo cada atardecer playero para llorar y decirle que lo amaba (y después desnudarse para dormir cada noche playera con el banquero). Regresó y no pidió perdón, pero él la recibió sin exigirle nada. Un año después volvió a largarse, esta vez buscando su destino a varios países de distancia. Se reencontraron porque él fue por ella –pretextando un viaje de trabajo- y en el reencuentro amoroso ella le contó sus romances mientras él tragaba, en la mesa de una heladería, su furia de amar a un ser insensible. Se alejaron, por ella, una vez más. El viejo probó a enamorarse pero ella volvió y apeló a todo para reconquistarlo: escenas de celos, de seducción, de ternura. Insistieron entonces, pese a lo sufrido. Había en esta relación un dolor irrenunciable, un potencial de maltrato y culpa que sus almas perversas no podían dejar atrás. Pasaron los años. El se negó a darle un hijo y ella se negó a comer. Hoy, de repente, la vieja había desaparecido. Ya lo había hecho antes y el viejo recién lo notaba. Cada vez que viajaba, desaparecía. Cayó en cuenta de que nunca le pidieron perdón. De que ella nunca fue capaz de decirle prioricé el placer, la riqueza y la experiencia antes que amarte. Descubrió que su devoción era masoquismo y la de ella, una máscara. Que aquello que tanto temía –porque lo que uno teme que le pase es lo que ya le ha pasado- le venía ocurriendo mil veces, una cada año. Oyó de golpe el estrépito de una casa derrumbándose. Un rayo sordo, un enorme golpe de viento. Ahora sabía que lo querían mal, para hacerle daño, para usarlo, para cobrarse revanchas con seres ya inexistentes. Se levantó, tomó sus cosas y se fue él también, dejando el hogar vacío. Los muebles desaparecían mientras él caminaba hacia la puerta. Al llegar a ella se miró al espejo, lo único que quedaba dentro de esa casa. Tenía 40 años menos. Sonrió y la puerta se abrió sola.

Cuando la vieja volvió no encontró a nadie. Miró hacia la playa por la ventana y sólo pudo ver a un chico alegre que cargaba un morral mientras conversaba con una desconocida.


 La foto es de alguien en flickr: http://flickr.com/photos/carbonnyc/132922595/

martes, 21 de octubre de 2008

Entendiendo la publicidad

Hablamos mucho de publicidad en Montevideo, mientras filmamos un comercial.
Acá, un resumen de lo dicho.

sábado, 18 de octubre de 2008

martes, 30 de septiembre de 2008

Como si fueran de ayer


Una web dedicada a cámaras pobres: de plástico, viejas, de mala imagen.


Y la web de Mr. E. Cipher, especialista en hacer fotos a través del visor de una cámara antigua.

La foto es de Cipher. Esa corriente genera imágenes mágicas y hermosas. Ya haré las mías.





El cuadro


Ella lo pintó hace más de 15 años. Nos conocimos en la cola del teatro donde me habló maravillas de una obra que acababa de ver, y a mí me costó días decirle que yo era el autor. Mi obra no era tan maravillosa, pero ella sí. Su carácter, su inteligencia y su talento me acompañan todavía como ejemplos de vida. Nuestra relación terminó mal -por mi infinita incapacidad de enredarlo todo- pero mi admiración por ella seguía tan presente como sus cuadros, que me acompañaron aun después de que ella se fue. Formé una familia y mi mujer aceptó que esos cuadros fueran parte de la casa. Me separé y al llevármelos me di cuenta de que no me pertenecían. De que eran tan bonitos que conservarlos era quitarle algo a quien los pintó. La busqué y se los devolví. Tuvimos un diálogo telefónico brevísimo. No la vi. Los dejé con el vigilante. Me sentí etéreo y liberado, feliz, entero. Como el ser que surgía del cuadro que fotografié malamente en el carro, antes de que el huachimán lo recibiera con escepticismo. Oí una niña reírse durante la llamada. Mi hija quiere ser pintora. Yo también sonreí.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Galeano no tiene DVD


Un artículo muy lúcido de Eduardo Galeano. Me lo mandó Gaby.


Por qué todavía no me compré un DVD


Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están fastidiando! ¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de xx años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon.
La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo' pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.
Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo)
Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.
¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.
Y guardábamos. ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!!
¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.
Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.
Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.
¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'este es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa (broches) y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se tansformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.
¡Ah¡ No lo voy a hacer!
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.
De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.
Hasta aquí.



La foto es de Kai Yamada, que hace lo que hace con una cámara de plástico igualita a la mía.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Si yo fuera Serrat, diría lo mismo


Discurso de agradecimiento de Joan Manuel Serrat al recibir un Doctorado Honoris Causa en la Universidad Complutense de Madrid, vía Lado B, aunque no lo ponen completo. Qué lindo sentir que alguien dice mejor que yo algo que se me había ocurrido. En serio. Lo juro. Por Dios.

Antes que nada, quiero agradecer esta distinción con la que me honran.
Aunque mi amigo Rafael Azcona sostiene la teoría de que los premios han de ser secretos y fuertemente dotados, este es distinto y especialmente agradable, porque es uno de los que podré presumir ante mis hijas y mis paisanos: ya saben que a los catalanes no hay cosa que nos guste más que ganar en Madrid.
Además, debo confesarles que me gustan las razones que se argumentan para concederme hoy este honor. Se desprende de ellas que les caigo bien y que ha sido un amigo el que ha montado este festejo.
Según palabras de otro buen amigo, José Luis García Sánchez, se ponen ustedes tan estupendos en los méritos considerados, que la distinción, según él, casi sabe a poco; y añade que, de ser verdaderos tales méritos, me debían, además, hacer duque de Pueblo Seco y regalarme una vajilla de doce servicios. Incluso concluye que ustedes no encontrarían descabellado que, en un ataque de vanidad, le hiciese una OPA a Joaquín Sabina.
Probablemente, las virtudes que se me atribuyen son algo exageradas. Pero digo yo que no habré sido un arbusto tan torcido cuando me han dado el birrete.Quizá la forma más coherente de agradecer este honor fuera el componer para ustedes una copla del tipo ‘Birrete, ay, mi birrete...", de rima agradecida, aunque un poco fuera de lugar.
Bromas aparte, ahora espero que entiendan y respeten mi derecho a defenderme de tanto halago.
Yo aprendí el oficio de hacer canciones y cantar de otros que antes lo aprendieron de otros, y me hace feliz pensar que tal vez con mi trabajo he podido ayudar al aprendizaje de los que siguen.Si he contribuido poética y musicalmente a dignificar la canción, me parece fantástico que ustedes, contemporáneos míos, me lo hagan saber y me siento muy halagado de que me lo agradezcan.
La gratitud no es una virtud frecuente; más bien lo contrario. La historia está llena de hombres que mucho han contribuido en este u otro aspecto de la vida y que no han recibido a cambio más que el desprecio y la ingratitud de sus contemporáneos, aunque coincidirán conmigo en que un hombre que disfruta del privilegio de dedicarse a una profesión que le hace feliz, que hace lo que le gusta hacer, que le pagan por hacerlo y que además constantemente percibe que la gente le quiere, más que un mérito tiene una bendición. Y este es mi caso.
También me alegra que conste entre los méritos que se me atribuyen el de haber contribuido a la difusión de la obra de grandes poetas españoles, pero les confieso que, al musicar poemas de Antonio Machado, de Miguel Hernández y de otros maestros, no era exactamente esa mi intención. Lo hice porque sus poemas me conmovieron. Lo hice siguiendo el camino de otros que lo hicieron antes que yo, como Paco Ibáñez, como Raimón, como Alberto Cortez y algún otro más. Lo hice porque los versos sonaban a canciones. Canciones bellas e inteligentes que a mí me hubiese gustado escribir. No se si ellos, los grandes musicados, estarán de acuerdo con lo que se ha hecho con su obra, ni con lo que se ha dicho aquí al respecto. Realmente seria interesante conocer su opinión.
En mi defensa les diré que una de las mayores satisfacciones que tuve cuando grabé aquellas canciones con versos de Antonio Machado fue una carta del gremio de libreros de Madrid en la que se me agradecía, después del éxito del disco, mi contribución a que las ventas de los libros del poeta se multiplicaran.
Decía Xavier Regás, afamado crítico teatral barcelonés y padre de amigos tan entrañables como Oriol, Xavier, Georgina y Rosa Regás, que un hombre culto en Barcelona, allá por los 70, era aquel que conocía la existencia de Antonio Machado antes de que Serrat hubiese puesto música a algunos de sus poemas.No le faltaba razón. He conocido a alguno que discutía de Machado sin haber leído jamás un poema suyo, solo porque había oído el disco: opinaban de la película y solo habían visto el trailer.
La carta del gremio de libreros tranquilizó mi conciencia, en el sentido de que mi trabajo tal vez sirvió para algo más que para darle una capa de pintura a la ignorancia.
También me gusta la idea de haber contribuido a normalizar el catalán o, mejor dicho, a devolver la normalidad al catalán. Aunque en mi caso no hay que darle mucha importancia porque, aparte de ser catalán, ejerzo de tal, y para mí expresarme en catalán ha sido algo tan natural como que crezcan las uñas. Si hay que agradecer a alguien su contribución a la normalización del catalán, hagámoslo con quienes han peleado por defender el derecho propio o ajeno, sobre todo el derecho ajeno, por devolver la normalidad a una lengua y una cultura que solo la intolerancia, la ignorancia y el rencor marginaron.
Soy bilingüe, como los reptiles. Aunque me reconozco catalán, soy mestizo; y, por mi origen, escribir y cantar en castellano es también una manera natural de expresarme a la que no estoy dispuesto a renunciar, de la misma forma como jamás pensé en dejar de escribir y cantar en catalán. Si alguna vez alguien me preguntó en cual de las dos lenguas me expresaba mejor, mi respuesta fue que siempre me expreso más a gusto en la que me prohíben hacerlo.
Tal vez ustedes, al premiarme con este doctorado, han querido contribuir al esclarecimiento de uno de los misterios de la metafísica patriótica o, en términos de Antonio Machín, a resolver el dilema de: Cómo se pueden tener dos idiomas a la vez y no estar loco.
Seguro que en esto habrá quien tenga otro punto de vista tan legítimo como el mío. Pero en lo que supongo que estarán de acuerdo conmigo es en que el hombre, al defender los valores democráticos, al enfrentarse a la discriminación y la intolerancia, al defender la riqueza del pensamiento libre y plural, no hace otra cosa que actuar en defensa propia.
Reivindico valores como la libertad y la justicia como un algo único, pues no hay libertad sin justicia, ni justicia sin libertad. Lo hago frente a la preponderancia aplastante del dinero, valor supremo por el que se miden y se valoran las cosas y las gentes. Reivindico la justicia y la libertad, porque reivindico la vida. Reivindico a la humanidad en su sentido más amplio. Reivindico a los humanos y a la naturaleza, que nos acoge y de la que formamos parte. Reivindico el realismo de soñar en un futuro donde la vida sea mejor y las relaciones más justas, más ricas y positivas, y siempre en paz. Y sobre todo, como un derecho que todo lo condiciona, reivindico el conocimiento como el pilar fundamental que nos sustenta y que nos caracteriza positivamente como especie. Que esto sea digno de reconocimiento es algo que debería hacernos reflexionar acerca del mundo en que vivimos y de los valores que lo mueven.
Como decía el profesor Casares, cuando hablamos del canto y de quien lo practica hablamos de un arte que ha vertebrado la sociedad. Yo escribo canciones para expresarme, pero también para comunicarme. Los argumentos de mis canciones están en mí, pero también están alrededor de mí. Son lo que yo siento, pero también son lo que me cuentan los demás. Son lo que yo soy, pero también lo que me gustaría ser. Son mi realidad, pero también mi fantasía.
Las canciones viven en la memoria personal y colectiva de las gentes. Las canciones viajan y nos transportan a tiempos y lugares donde tal vez fuimos felices. Todo momento tiene una banda sonora y todos tenemos nuestra canción, esa canción que se hilvana en la entretela del alma y que uno acaba amando como se ama a sí mismo. Tal vez alguno de ustedes ahora este pensando: "Por su culpa, Serrat, me casé con el que hoy es mi esposo -o mi señora-… estábamos un atardecer de verano en la playa, cuando empezó a sonar su canción…etcétera…". Por favor: eso no es culpa de mis canciones, sino de sus atardeceres de verano y de sus ímpetus juveniles. Así son algunas canciones. Personales e intransferibles. Otras aglutinan un sentimiento común y se convierten en himnos. Entonces dejan de pertenecer al autor para ser de todos.
Me complace que hayan valorado ustedes esta parcela de la poesía que es la canción popular, que, además de algunas otras cosas, es una forma de acceder al conocimiento del mundo. Les puedo jurar que en la composición y en la ejecución de algunas canciones populares hay hallazgos tan definitivos como el teorema de Pitágoras o las virtudes del ácido acetilsalicílico para combatir la cefalea. Dice el refrán que "quien canta, su mal espanta". Y es cierto. Cantando compartes lo que amas y te enfrentas a lo que te incomoda. Conjuras los demonios y conviertes sueños en modestas realidades. Yo canto por el gusto de cantar. Cantar me da placer. Por eso, para mí, tener el oficio de cantar es un privilegio. Aparte, siempre te dan mesa en los restaurantes.
Estoy seguro de que, por encima de todos los considerandos que se enumeran, esta distinción es el fruto de algo tan simple y preciado como el cariño. Así lo entiendo y lo agradezco. Si para algo vale la pena vivir es para querer y ser querido. Es lo que mueve mis pasos. Probablemente, a lo largo de mi vida no haya hecho otra cosa que lo que estoy tratando de hacer ahora mismo: que me quieran mis amigos. Y tener cada vez más. Que es la única acumulación que merece la pena en la vida y por la que no se pagan impuestos.

Muchas gracias

JOAN MANUEL SERRAT

viernes, 18 de julio de 2008

¡Pronto, la dopamina!

Foto de Mike Ferris en Photo.net.

Y ahora del doctor Hare y los sicópatas del post anterior voy a la doctora Fisher, con esta entrevista espectacular que me movió tanto y de la que pego todo lo que puedo. La saqué de aquí.


¿Existe realmente el amor a primera vista? ¿Puedes conseguir que alguien se enamore locamente de ti?

¿Alguna vez te has preguntado en qué medida el amor depende del corazón… y en qué medida de las hormonas? ¿O si el amor a primera vista existe realmente… o si se trata de algo que ha inventado Hollywood? Y en cuanto a la química ¿se puede crear? ¿o simplemente aparece de la nada? Muchos nos hemos planteado estas cuestiones y nosotros hemos decidido buscar algunas respuestas. Por eso nos hemos sentado con la destacada antropóloga Helen Fisher de la Universidad Rutgers y autora de libros como Por qué amamos. La doctora Fisher ha dedicado su carrera a intentar entender el amor, cómo y por qué funciona en los humanos, y ha accedido a compartir sus descubrimientos con nosotros.

En resumen, ¿por qué nos enamoramos?

Doctora Fisher: En mi opinión, el amor romántico es uno de los tres sistemas que emplea el cerebro que sirven para conseguir la reproducción. Cada uno de estos sistemas tiene una función: el instinto sexual se desarrolla para que busquemos una pareja. El amor romántico aparece para que empleemos todas nuestras fuerzas en una sola persona y así ahorremos tiempo y energía. Y el apego, el sentimiento de seguridad que se experimenta con una pareja estable, se desarrolla para que nos quedemos con esa persona el tiempo necesario para criar a los hijos.

¿Por qué es tan agradable estar enamorado?

Doctora Fisher: Porque en el cerebro se disparan algunos de los circuitos del placer más poderosos. La sustancia química que aparece es la dopamina, que produce euforia, energía, insomnio y hace que centremos nuestra atención en la persona que amamos. Se experimenta algo similar a un colocón de cocaína.

¿Existe el amor a primera vista?

Doctora Fisher: Sí. Seguramente les sucede más a los hombres que a las mujeres porque los hombres son más visuales, pero creo que todos recordamos ocasiones en las que sentimos una atracción inmediata por alguien a quien apenas conocíamos. Tiene una razón práctica: en el mundo animal no te puedes pasar tres meses hablando de tu currículo; tiene que saltar la chispa inmediatamente para que comience el proceso de reproducción.

¿Enamorarse es una cuestión de esperar a que llegue el momento adecuado?

Doctora Fisher: La situación en la que se encuentra la persona es importante. Puedes estar sentado en una fiesta al lado de la pareja perfecta y puede que no te des ni cuenta si estás demasiado ocupado con tu trabajo, enredado en otra relación o preocupado por lo que sea. Pero, si te acabas de trasladar a una ciudad nueva, te has recuperado de un desengaño amoroso, has empezado a ganar lo suficiente para mantener una familia, estás atravesando una mala racha o tienes mucho tiempo libre, tienes todas las papeletas para enamorarte.

¿Podemos hacer algo para que una persona se enamore de nosotros (o para conseguir que nosotros nos enamoremos de alguien)?

Doctora Fisher:
Hacer cosas nuevas juntos. La novedad y la emoción aumentan la actividad de la dopamina y norepinefrina en el cerebro. Estos neurotransmisores estarán relacionados con la energía, la euforia, la atención y la motivación (rasgos fundamentales del amor romántico). Así que, cuando haces cosas nuevas, estos elementos químicos empiezan a funcionar y pueden conseguir que te acabes enamorando.

¿Se puede hacer algo para dejar de amar a una persona?

Doctora Fisher:
Algunas personas, sobre todo las mujeres, hablan tanto de una relación que ha fracasado que se hunden aún más. Lo que hay que hacer es deshacerse de las cartas y los mensajes de tu ex. No llamar ni escribir. Tumbarse al sol y hacer ejercicio ayudan a cambiar la química del cerebro.

¿El sexo hace que la gente se enamore?

Doctora Fisher:
El sexo puede desencadenar el amor, seguramente porque después de un orgasmo se dispara la dopamina. Así que ten cuidado el decidir con quién te acuestas (te puedes acabar enamorando sin querer).

¿El amor acaba desapareciendo con el tiempo y se puede hacer algo para evitarlo?

Doctora Fisher:
El amor intenso puede durar entre uno y tres años. Después de ese tiempo, ese sentimiento remite. Pero si dos personas son compatibles, hay muchas formas de renovar una relación que flaquea. La novedad puede incitar el amor, también el sexo. Haz algunas de las cosas que hacíais cuando empezasteis a salir

¿Qué papel juega la química en el amor?
Doctora Fisher:
Creo que cuando la química de una personalidad encaja bien con otra, se produce una combustión que dura toda la relación consiguiendo que las dos personas no se separen y estén felices durante los momentos difíciles, cuando el amor se encuentra bajo mínimos.

¿Los hombres y las mujeres experimentan el amor de forma diferente?

Doctora Fisher:
Los hombres se enamoran antes que las mujeres. A las mujeres les lleva más tiempo porque tienen que crear un pasado de los comportamientos de su pareja. Ellas tienen que poder recordar lo que su pareja les ha prometido, lo que él ha hecho por la relación o lo que ha dejado de hacer.

¿Qué buscan los hombres en una pareja?

Doctora Fisher:
Los hombres suelen escoger mujeres jóvenes y guapas (la primera vez que se casa un hombre, suele hacerlo con una mujer tres años más joven que él). Los hombres también se sienten atraídos por las mujeres que los “necesitan”. Los hombres quieren sentirse útiles.

¿Qué buscan las mujeres en una pareja?

Doctora Fisher:
Las mujeres suelen sentirse atraídas por parejas con dinero, prestigio y ambición. Un estudio demostró que la seguridad económica condiciona a la hora de elegir pareja al doble de mujeres que de hombres. Los hombres buscan sexo, mientras las mujeres buscan éxito.

¿Se puede amar a más de una persona?

Doctora Fisher:
No. Creo que puedes sentir deseo o apego por más de una persona. Pero no amor. Como dice un aforismo indio “El camino del amor es estrecho, sólo hay sitio para uno.”

¿Cuál es el error más grande que comete la gente en el amor?

Doctora Fisher:
Algunos se enamoran antes de llegar a conocer a sus parejas y se casan en este estado de éxtasis. Lo mejor sería esperar a que esa primera fase acabe para poder ver los fallos de la relación antes de comprometerse de por vida.

¿Después de haber visto tantos datos científicos acerca del amor, qué es lo más importante que debemos aprender?

Doctora Fisher:
Para mí, lo más importante que han descubierto los científicos es que el amor no fue inventado en el siglo XI por los trovadores en Francia. Existen poesías de amor de los sumerios escritas hace 4.000 años, así como evidencias del amor en 150 sociedades. En realidad, nos parecemos mucho en uno de los aspectos más básicos y más bonitos.

Los 20 signos de que estás muy loco

Foto: Inés d'Orey

Acabo de leer que un blogger de El Comercio cita al "doctor Hare" quien tiene esta lista para describir a un psicópata. El blog de David Hidalgo me pareció interesantísimo, y aunque no quiero comerme el hígado de nadie, me preocupó...
¿Cuántos puntos haces?

1. Locuacidad / Encanto superficial.
2. Egocentrismo / Sensación grandiosa de la autovalía.
3. Necesidad de estimulación / Tendencia al aburrimiento.
4. Mentira patológica.
5. Dirección / Manipulación.
6. Falta de remordimiento y culpabilidad.
7. Escasa profundidad de los afectos.
8. Insensibilidad / Falta de empatía.
9. Estilo de vida parásito.
10. Falta de control conductual.
11. Conducta sexual promiscua.
12. Problemas de conducta precoces.
13. Falta de metas realistas a largo plazo.
14. Impulsividad.
15. Irresponsabilidad.
16. Incapacidad para aceptar la responsabilidad de las propias acciones.
17. Varias relaciones maritales breves.
18. Delincuencia juvenil.
19. Revocación de la libertad condicional.
20. Versatilidad criminal.

Creo que hago casi las 20. Brrr. ¡No se lo diré a nadie!

domingo, 6 de julio de 2008

Diálogo de parque




Dos chicas conversan, a algunos metros de mí, en un parque.

- Yo quiero alguien que sea apasionado… Que las manos le piquen, que le provoque moverse, hacer cosas, saltar a la acción…
- Que tenga ganas de hacer todo.
- Más que eso, que tenga ganas de hacer todo conmigo. Que tenga ganas de viajar, pero de viajar conmigo. Que se muera por comer y bailar pero comer y bailar conmigo. Que quiera tirar todo el día pero tirar conmigo.
- Ah, ya, tú encima de superhombre quieres uno que se dedique a ti.
- Claro pues, esa es la diferencia…
- …entre quererse y querer.
- Entre querer la vida y querer la vida conmigo, sonsa.
- ¿Y cuando te canses de él?
- No sé. ¿Que se canse conmigo?

Dos chicas sabias ríen y conversan, a pocos centímetros de mi mente, en un parque.

miércoles, 25 de junio de 2008

No sale ni vale


Empecé a escribir críticas teatrales en la revista Caretas. Esta fue la primera que mandé, sobre la obra de Mario Vargas Llosa que se estrenó este año, pero era demasiado rara como crítica. La verdad no me provoca apalear ningún montaje y en dos ocasiones suelo no comentarlos: si tiene demasiado éxito o si no me gustó lo que vi. Porque en ambos casos no hace falta decir más. Pero para compartirla, acá va la nota que nunca salió.


NUNCA FUEGO: SOLO CHISPAS

I
Imagina que la persona a la que nunca confesaste tu amor sigue a tu lado 35 años después. Imagina que metiste la pata y hace 35 años le demostraste que su amor te sabía a podrido. Imagina que no eres capaz de pedir perdón y que te pasas décadas evocando su rostro en los momentos más importantes de tu vida, en tus fracasos sexuales y tus éxitos bursátiles. Imagina que sigue a tu lado, a veces con otro cuerpo y otra forma, que vives con ella mil historias y que ella, imaginada, te ayuda a crear mil más. ¿Puedes concebir todo eso? Chispas, el banquero, sí puede. Pero ese poder para imaginar no es bendición ni talento: es su condena. Sísifo enamorado hace rodar a diario el cadáver de su pasión.

II
La obra Al pie del Támesis de Mario Vargas Llosa tiene todos los ingredientes del éxito, y el público los disfruta. Un autor famoso, una sala de buen nivel, una pieza que fluye, un par de buenos actores –Berta Pancorvo y Alberto Isola- y un director solvente, Luis Peirano, que ha sabido cabalgar entre el realismo –que en exceso hubiera traicionado al texto- y lo onírico –que en demasía hubiera arruinado el final. Esta suma fascina y entretiene al público y no parece frustrar a nadie salvo a quienes esperan ver en Vargas Llosa un Beckett o un Koltés. No lo es. Es Vargas Llosa, que ya es bastante, y aunque suena más a novela que a teatro, eso parece ser más elección que defecto.

III
Chispas, de ti podría escribirse mucho: eres el winner que sube y sube pero por dentro, pobre, te hundes más y más en la culpa, todo te destruye, nada te transforma. Tuviste el amor a dos centímetros escasos de tu boca y no pudiste. Tuviste la felicidad cerca y le partiste la boca. Ahora te seguimos por el mundo sólo por el placer de oír tus fantasías, porque todos disfrutamos de lo que imaginas y devoramos el fruto creativo de tus frustraciones. Pareces vivir aquí y ahora pero es mentira, Chispitas. Vives allá y entonces, en el pasado y en tu Miraflores decadente pero decente. Todo te duele y por eso todo en tu cabeza se vuelve cuento, farsa de amor e historia de horror al mismo tiempo, y vas detrás del éxito nada más para ocultar que de tu infelicidad nace tu ingenio. Pobrecito Chispas. La vida, aunque creas que se repite -como en el teatro- en realidad no tiene vuelta. Cada día es nuevo como el agua del río y viene cubierto de niebla, de fantasmas, de un dolor vasto y profundo como tu imaginación.

IV
Chispas y Pirulo se encuentran en el Teatro Británico a las 8 de la noche, decentes y decadentes, sufriendo juntos en el corazón de Miraflores.

Las peores carátulas de discos de vinilo.





Las encontré navegando por ahí: las peores portadas de discos de vinilo, realmente delirantes. Y aquí hay más. Encontré hasta un museo online de malas carátulas de discos. Y de yapa, las peores del 2007.
Para pegarse, en todos los sentidos.

jueves, 22 de mayo de 2008

Lo que tú digas

Me encanta quedarme con frases ajenas. Y si no, que lo diga Sara Joffré a la que le he robado tantas citas que aunque trato de darle crédito, no alcanzo a hacer justicia.

La última que uso es de mi hija Alicia, de cuando tenía casi 6 años.

Ella me dijo una tarde:
-Papá, ¿quieres que cierre la luz y apague la puerta?
Y yo le contesté, demasiado corrector:
-Querrás decir que cierre la puerta y que apague la luz.
Entonces ella, mirándome furiosa, me fulminó con una frase:
-Papá: no importa lo que se dice sino lo que se entiende.

Y desde entonces la uso y quedo como un brillante analista del discurso, la relación entre emisor/receptor y la polivalencia semiótica. Gracias Alicia.

viernes, 25 de abril de 2008

Me dormí

Lo siento mucho. He descuidado este blog porque estoy temporalmente en otro, un blog de los del diario El Comercio relacionado con, es obvio, el teatro.
La dirección:
http://blogs.elcomercio.com.pe/tuvidaespuroteatro.
Ahí nos vemos. 60 entradas y lo cierro. No duerman con payasos cerca.

El gráfico es de un afiche que venden en All posters.

miércoles, 9 de abril de 2008

"Tá bueno"

El amor empieza cuando se rompen
los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco
sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o
alta,
se agacha hasta la sangre.
El amor empieza cuando Dios termina
Y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier
parte.
El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un
muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.
Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.
Poema de Roberto Juarroz que me envió Gabriel Gargurevich.

martes, 8 de abril de 2008

Carta de presentación




En la revista Muestra se publicó, en 2007, la obra La cisura de Silvio de Víctor Falcón. Para esa edición escribí este texto de presentación. Lea y difunda Muestra, la revista de teatro que Sara Joffré edita para bien de todos los dramaturgos peruanos.



Mirando hacia atrás sin ira
Volver los ojos hacia el pasado es, sin la debida sabiduría, atreverse a enfrentar el dolor. El dolor de los malos momentos –lacerantes, inolvidables- y el del paso del tiempo, que vuelve sufrientes incluso los viejos instantes de alegría.
En nuestro país, que se niega con perseverancia a reconsiderar sus desaciertos, mirar hacia atrás es un ejercicio inusual pero constructivo. Porque los errores y las frustraciones del ayer nos hacen lo que somos, pero además nos llenan de oportunidades. Si lo vivido es una condena puede ser también un punto de partida, la posibilidad de asumir los deseos y fracasos, de reconstruirnos. Lo sabe Aurora, la abuela de esta conmovedora obra de Víctor Falcón, quien simboliza este retorno al pasado. Para ella, la edad recuerda. Decidida a recuperar a quien amó, hace un viaje imposible hacia sus días de juventud, acompañada de su nieto Rodolfo, para constatar con dureza que ese pasado se ha desvanecido, que sólo es posible reedificarlo dentro del alma para dar un paso adelante, para perdonar y avanzar en paz. Esta historia de un niño y su abuela –que pierde la razón mientras recupera la emoción- podría ser tomada como una metáfora del viaje hacia lo más profundo que el teatro regala al espectador. O como una constatación más de que nuestro Perú se representa con mayor claridad a través del olvido y de sus huérfanos, como en tantas obras de niños sin padre que tachonan el teatro peruano contemporáneo.
Ese huérfano es el espectador (hoy el lector) y esa abuela loca, de apetitos libres y palabras indomables, es el teatro que lo toma de la mano para hacerlo cruzar a oscuras el río de los recuerdos y de las emociones más reveladoras, aquellas que pueden volvernos más sabios, más unidos, más justos con los demás y con nosotros mismos. Poder mirar hacia atrás con sabiduría y tolerancia es la mayor enseñanza de esta pieza reparadora. Dejémonos llevar por esta Aurora ardiente, por este Silvio fascinado, por este autor que comienza a hacer teatro con pequeñas situaciones que contienen grandes verdades. Y que hacen sentir al espectador pleno, certero, fuerte, vivo, libre.


jueves, 3 de abril de 2008

5 minutos delirantes




El que no habla se llama Harpo. Maestro.

Reporte del tiempo

Empecé el año detallando las cosas en que andaba metido. Pero del verano al otoño todo avanza, sorprende y cambia. El proyecto Matalaché se cayó porque no habían considerado que tenían que pagarme, se les pasó ese detalle. Se estrenó Laberinto de monstruos en un montaje del que puedo decir muchas cosas, pero en privado. Entré en un curso con un dramaturgista alemán y descubrí que no me interesa el tema pues se parece mucho a mi trabajo publicitario y muy poco al placer de escribir teatro. Hasta ahí todo parece desilusión, pero no. Hice mi taller de clown con Fiorella Kollmann -excelente- y hasta tuvimos una micromuestra pública. Debo seguir. Reuní en mi casa un grupo de escritores jóvenes y gente que me cae bien y me interesa por su cabeza, aunque no logré que volvieran a reunirse más de tres veces. Es el poder corrosivo del verano, creo. Insistiré. Escribí dos obras didácticas para Teatrovivo y planifiqué dos más que tengo en mente, en borrador, pero para mí. Parece que escribiré algo para mi amiga y buena actriz María Laura Vélez, lo que sería un placer. Contacté en la lista cinemaperu de yahoo! a mucha gente con la que terminaré creando algo. Terminé el texto para libro de mi pieza infantil La pera de oro y parece que este abril tendré un blog en un periódico, lo que me resulta retador y divertido a la vez. Con Brunella avanzamos el proyecto fotográfico/publicitario para la exposición en El ojo ajeno y de paso, ideamos fotos nuevas. Mi relación avanza bien y descubro, con el otoño, que debo dejar caer muchas hojas que ya se me secaron para enfriarme con quienes quiero, abrigarme en casa y luego salir a la vida otra vez. Esa es la decisión de abril. Dejar que las hojas caigan y alejarme de todo lo prescindible, lo que quita tiempo y roba energía, por lindo que sea. Focalizar y avanzar.

La imagen es de una web que vende stickers.

miércoles, 19 de marzo de 2008

lunes, 3 de marzo de 2008

La canción que da inicio a todo


Estoy terminando una obra de teatro que estrenará Pati Romero -como directora- en julio, y se llama La Pera de oro. Acá va una canción de la obra, la del inicio.


El que abre un libro despierta:
Parece que está soñando
Pero un libro es una puerta.

Pon un viaje entre tus manos
Con sus alas de papel
Agárrale fuerte el lomo
Sumérgete bien en él
Abre la mente y los ojos:
Un libro es una cajita
Un gran universo guarda
Susurra, murmulla, grita
Ronca y ruge, canta y habla.
Un libro no es un tesoro:
Es el baúl que lo encierra.
Brota un olmo de esa tierra.
Su fruto es la pera de oro.


domingo, 2 de marzo de 2008

Mátame che.


Me metí en un proyecto para escribir una adaptación de Matalaché de Enrique López Albújar a drama-musical. Me soltaron mil ideas pero decidí plantear algo práctico como inicio: había que escribir una escaleta de la obra, una lista de números musicales grupales y de canciones (determinando sus temas y quiénes cantaban) y finalmente, de acuerdo a esa escaleta y acomodando estas canciones y números, escribir todo el diálogo final.
En la primera reunión, luego de varios mails y llamadas, el director y el productor me contaron sus ideas, solté las mías y sugerí que mejor sería tener la lista de canciones y una escaleta. No me dijeron cuánto me pagarían ni cuándo, pero ya que estaban interesados y yo también, propuse ir a otra reunión con mi lista de temas para las canciones.
En la segunda reunión conté de qué podrían tratar las canciones –tenía letras avanzadas pero no entregué nada escrito- y dije que había que avanzar con la escaleta. Anuncié con claridad: en la próxima reunión, cuando traiga una escaleta, quiero oír una propuesta económica.
Fui a la siguiente reunión con una escaleta incipiente impresa (tenía sólo los títulos de cada escena de la escaleta completa) y les conté cómo iba a ser su obra. Les encantó, me felicitaron, etc. Pero de dinero no dijeron ni pío. Vi que el tema no les interesaba y a mí sí, así que les pedí que se manifiesten y me digan cuánto y cuándo y cómo pensaban pagarme.

Entonces me citaron en un café y me dijeron, entre otras cosas:
- El productor: “César, si yo tuviera que darte algo ahora sería de mi plata, no de la producción, porque hasta ahora no tenemos nada” (casi le digo “¡gran solución! ¡Acepto!” sólo para ver qué respondía, porque yo sí tenía que dar de mi chamba sin ninguna retribución ni siquiera prometida).
- ”El director: “estábamos trabajando bajo un contrato emocional, es decir, no estamos acá por la plata sino para que el proyecto funcione”.
- El productor: “no podemos decirte cuánto te vamos a pagar porque para eso necesitamos la escaleta completa que tú nos ofreciste, con todos los detalles… es que la escaleta es como el plano de una casa, sin esos planos no sé cuánto me costará la construcción” (me provocó decirle: ¿y pensabas que los planos te los darían gratis?)
- El director: “mira, esto va a ser una gran producción y un éxito, y queremos contar contigo porque nos ha gustado mucho tu trabajo”.
- El director: “recién vamos a hablar de cuánto vale tu trabajo cuando nos lo entregues”.
Entonces dije que lo iba a pensar y mandé un mail diciendo que tenía contratos emocionales más importantes, como pagar la luz y el colegio de mis hijas, y que no iba más, que gracias por todo, etc. Me avisaron por correo que igual usarían lo que llevé de escaleta –los titulares incomprensibles- para que el siguiente dramaturgo no parta de cero. Pero no me dijeron cuánto valía ese avance, esa base, que ya consideré un regalo para ellos. En fin. Prefiero sentirme regalón que sentirme idiota.
Si llegan a estrenar y son decentes confío en que me agradezcan la escaleta mencionándome en el programa, o me regalen unos cuadernos y algunos lapiceros, ¿qué tal?
Si ya son muuuy decentes le descontarán algo al dramaturgo que contrataron –lo que se ahorraron- y me dirán: mira, esto es lo que tenemos para ti porque la escaleta que nos diste ayudó mucho y en ese momento no podíamos pagarte.
Pero recién sabré cómo son cuando consigan un escritor que use mi escaleta y me entere de si le pagaron o no, o si lograron que firme un contrato emocional. Para quien no lo sepa, el tema de Matalaché es la esclavitud.

Williams en Caretas

De tanto pensar en Williams me llamaron de Caretas para escribir una nota sobre él. Acá va. Salió, si no me equivoco, el jueves 21 de febrero.

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Hace 25 años, falleció Tennessee Williams. Hoy, el teatro peruano se resiste a morir también.

La Risa Triste
I
Me piden hablar de Tennessee Williams y sólo puedo hablar de dramaturgos peruanos. De la lucha de nuestros escritores teatrales por mantener vivas sus voces. Del abandono en que tenemos a los grandes como Vega Herrera, Alegría o Joffré. De lo mucho que se gasta en tonterías, ahora que hay dinero, y lo poco que se da al teatro. Vendrán cientos de presidentes del mundo y daremos vergüenza. O peor, creerán que la cultura que los artistas generan con su propia plata está subvencionada. Nada más falso en este Perú, país con cultura de gobiernos sin cultura. Me piden hablar de cómo murió Williams mientras patalean para no morir nuestras obras, agradeciendo iniciativas privadas como los festivales bianuales del ICPNA o el concurso de dramaturgia del Británico que ganaron Gino Luque, Lucero Medina y Mariana de Althaus. Como ellos, están vivísimos Roberto Sánchez Piérola, Daniel Dillon, la revista Muestra, Víctor Falcón, el FITECA y muchos más. Pero el Estado no quiere verlos ni recordarlos. Yo sí.
Como quiero recordar –también– a Williams.

II
Todos los años hay que despedirse de Tennessee Williams. Cada 25 de febrero hay que acordarse de él, que conmovió a generaciones con dramas que hablaban del sur de EE.UU. mientras él lloraba contando en sus piezas, a escondidas como todo lo sureño, la historia de su hermana lobotomizada y la de su propio miedo a la locura. Y hay que llorar más este 25 de febrero, porque cumple 25 años muerto. Háblame como la lluvia y déjame escuchar, Un tranvía llamado deseo, Verano y humo. Desde sus títulos hasta el último parlamento habló con poesía, usándola como los grandes, sin sonar artificial ni solemne. Y habló de su aldea, con lo que –todos los días acierta Tolstoi– se hizo universal. No se llamaba Tennessee sino Thomas Lanier Williams III. Dicen que después del éxito de El zoológico de cristal se dedicó al cristal de metanfetamina. En su tumba dejan botellas de whisky tal como en la de Poe dejan una de coñac cada año. Tendrían que dejar botellitas de colirio. Tenía 71 años y murió ahogado con la tapa de un frasquito de gotas para los ojos. Lágrimas artificiales para un hombre cansado de llorar y hacer llorar. Un autor teatral que se enamoró de la larga distancia. Un hombre que en el Perú, un poco más al sur, no queremos olvidar. (César de María*)

-------------*Dramaturgo. Autor de Super Popper y Laberinto de Monstruos.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Nuevo encuentro con Girondo



Saqué esto de Google imágenes, de una página que no recuerdo porque casi ni la miré.

martes, 19 de febrero de 2008

Háblame como la lluvia y déjame escuchar.


Así se titula la obra de Tennessee Williams cuyo final cito a continuación. Hace 25 años murió el viejo, un 25 de febrero, atorado con la tapita de un frasco de colirio. Tenía 71 años. Acá el texto completo.


(...)

MUJER : Todas las semanas sin falta, el correo me traerá un cheque. La viejecita me cobrará los chequed y me traerá libros de una biblioteca y recogerá... la ropa de la lavandería. ¡Siempre llevaré ropa limpia! Me vestiré de blanco. Nunca seré muy fuerte ni me quedarán muchas energías, pero pasado algún tiempo tendré las suficientes para caminar por la explanada, para pasear por la playa sin esfuerzo... elegiré una para ir a sentarme, cerca de la glorieta donde la banda toca selecciones de Victor Herbert mientras oscurece... Tendré una habitación grande con postigos en las ventanas. Habrá una temporada de lluvia, lluvia, lluvia. Y me sentiré tan agotada después de vivir en la ciudad que no me importará no hacer nada, simplemente oiré caer la lluvia. Estaré muy tranquila. Las arrugas desaparecerán de mi cara. No se me inflamarán nunca los ojos. No tendré amigos. No tendré ni siquiera conocidos. Cuando sienta sueño regresaré despacio al pequeño hotel. El empleado dirá: Buenas noches Señorita Jones y yo me limitaré a sonreír apenas, y cogeré mi llave. Nunca ojearé ni un periódico. Tampoco oiré la radio. No tendré conciencia del paso de tiempo... Un día me miraré al espejo y veré que mi cabello está empezando a ponerse gris, y por primera vez me daré cuenta de que he estado viviendo en este pequeño hotel bajo un nombre falso, sin amigos ni conocidos ni relaciones de ninguna clase durante 25 años. Me sorprenderá un poco, pero no me preocupará. Me alegraré de que el tiempo haya pasado tan sin sentir. De vez en cuando quizá vaya al cine. Me sentaré en la ultima fila con toda esa oscuridad en torno mío y unas figuras inmóviles sentadas al lado, ignorándome, mirando la pantalla. Personas imaginarias. Personajes inventados. Leeré largos libros y los diarios de escritores muertos. Me sentiré más cerca de ellos de lo que me he sentido nunca con las personas que conocía antes de retirarme del mundo. Será grata y sedante esta amistad mía con poetas muertos, porque no tendré que tocarlos ni responder a sus preguntas. Me hablaran sin esperar mis respuestas. Y me vendrá el sueño escuchando sus voces que me explicarán misterios. Me quedaré dormida con el libro todavía entre las manos y lloverá. Despertaré, oiré la lluvia y me volveré a dormir. Una temporada de lluvia, lluvia, lluvia. Después, un día, al cerrar el libro o al volver sola del cine a las once de la noche, me miraré al espejo y veré que mi cabello se ha puesto blanco. Blanco, todo blanco.Tan blanco como la espuma de las olas. (Se levanta y pasea por la habitación mientras habla) Recorreré mi cuerpo con las manos y percibiré lo asombrosamente delgada e ingrávida que me he vuelto. ¡Oh, Dios mío, qué delgada estaré! Casi transparente. Apenas real. Entonces descubriré, sabré, un tanto confusamente, que he permanecido ahí, en ese pequeño hotel, sin... relaciones sociales, responsabilidades, inquietudes ni perturbaciones de ninguna clase... durante casi 50 años. Medio siglo. Casi toda una vida. No recordaré ni siquiera los nombres de las personas que conocía antes de llegar allí, ni lo que se siente cuando se espera a alguien que... puede no venir. Entonces sabré -mirándome al espejo- que ha llegado el momento de pasear sola una vez más por la explanada, con un viento fuerte azotándome, un viento limpísimo que sopla desde el confín del mundo, desde más lejos aún, desde los fríos límites del espacio ultraterrestre, desde más allá de lo que haya más allá de los confines del espacio. (Se sienta otra vez vacilante junto a la ventana.) Entonces saldré y pasearé por le explanada, pasearé sola y me iré adelgazando, adelgazando.
HOMBRE : Nena, vuelve a la cama.
MUJER : ¡Cada vez más delgada, más delgada! (Él va hacia ella y la obliga a levantarse de la silla) ¡Hasta que al final ya no tendré cuerpo y el viento me recogerá en sus fríos brazos blancos y me llevará para siempre! (Él le besa el cuello)
HOMBRE : ¡Anda, ven a la cama conmigo!
MUJER : ¡Quiero irme de aquí! (Él la suelta y ella vuelve al centro de la habitación, sollozando inconteniblemente. Se sienta en la cama. El suspira y se asoma a la ventana. La luz destella tras él y arrecia la lluvia. La mujer se estremece y cruza los brazos. Sus sollozos han cesado pero respira con dificultad. La luz centellea y el viento gime frágilmente. El hombre sigue asomado a la ventana. Por fin ella le dice con voz suave...) Vuelve a la cama. Amor... vuelve a la cama. (él vuelve hacia ella su cara perdida.)


Santiago Barco en el fondo del bar


lunes, 18 de febrero de 2008

Amor al arte

Me invitaron a un proyecto para escribir un musical. Me preguntaron si quería y dije que sí. Me pidieron ideas y las di. Ya que hacía falta una escaleta, la escribí. Ya estábamos en la cuarta reunión y nadie me decía cuándo ni cuánto me iban a pagar. Mandé un mail y el director del proyecto me dice que no tiene cifras, que cuando tenga una propuesta me llamará y que está pensando en que sea algo cooperativo.
He parado de escribir hasta que me llamen y me digan cuánto cuesta mi trabajo.
Mientras tanto, como no puedo parar de escribir, redacto estas conclusiones:


- Cuando te llamen para un trabajo, pregunta primero si es que te van a pagar: que tú tengas ganas de trabajar pronto no significa que el otro tenga ganas de pagarte rápido.
- Pregunta cuánto te van a pagar y qué comprende ese trabajo. Así te enteras de inmediato y sin gastarte si es que te quieren dar céntimos por algo que te dará mucha chamba.
- Pregunta cuándo cobrarás y de ser posible, cobra un adelanto. Si ahora pagan la luz y el teléfono, bien pueden pagarte a ti.
- Si trabajas por partes, cobra por partes. No esperes a que tu producción se junte para cobrar todo junto al final.
- Apenas tengas una idea de la cantidad de trabajo que te están pidiendo, piensa cuánto es lo justo, lo que vale realmente tu trabajo. Y luego, cuánto menos cobrarías influenciado por otras razones. Por ejemplo: "este guión vale 600 dólares pero como me lo pidió mi amigo, como me cae bien el director, como necesito salir del anonimato, etc. les cobraré 300". O algo así.
- Establece un precio mínimo aceptable para ti. Si cualquier suma te parece buena, no valoras tu trabajo y eso hará que tu contratante tampoco lo valore. Y trabajarás sin ganas.
- No trabajes gratis. Piensa que al trabajar gratis cumples un sueño ajeno. Mejor escribe una obra para ti y así cumples tu propio sueño. Y si no tienes sueños y te mueres de ganas de trabajar gratis, busca un grupo pobre que se lo merezca.

¿Cuánto me irán a ofrecer por una escaleta, la letra de 8 canciones y el guión de un musical fastuoso y producido a lo grande? ¿Cuánto aceptaré, dado que tengo ganas de escribirlo? Estoy esperando esa llamada para ver qué me dicen y sobre todo, para oír qué contesto.


viernes, 15 de febrero de 2008

Las cosas como son


"$1.500. El Humor en la Publicidad:

El Humor es una herramienta fundamental en la Publicidad, más que nada para que los escritores de propagandas se saquen las ganas de hacer chistes. Es como una válvula de escape.

Si los escritores de Propagandas no hicieran chistes, sentirían que no son más que vendedores ambulantes de medias (y no descendientes de Juan Verdaguer) y se pondrían muy tristes, y habría que pagarles todavía más. El sistema capitalista no podría sostener esta situación, y además se produciría una catástrofe ecológica, ya que no hay árboles en el planeta para fabricar papel moneda con el que pagarle a los escritores de propagandas mas de lo que cobran; por esto es tan importante que todos digamos, una vez cada tanto, riendo nerviosamente, “viste qué buena la propaganda esa del conejo con ruedas, me cagué de la risa”.

Los recursos humorísticos para ser usados en las propagandas no son muchos (son dos o tres. O dos) y consisten en:

1) La enumeración muy muy muy muy larga de tipos de personas, por ejemplo “el que usa remeras ajustadas con panza” o “la que siempre paga con tickets canasta”. Esto sirve para producir una identificación en el espectador, que inmediatamente se identifica con la persona que se ríe de esa gente (olvidé mencionarle que el espectador de propagandas es una persona detestable).

2) Los niños que lloran, luego de que una ilusión se les ha hecho pedazos, tipo que el Conejo Pelusita es un chabón miuy desagradable disfrazado. A los escritores de propagandas les encanta que los niñitos lloren, porque por lo general son solteros y muuuuy superados y odian a los niños.

3) Que el locutor sea Mario Sapag, o Gino Renni, o Jamito Cohen o alguna momia de los setenta puesta en el microondas. Esto les hace sentir a los escritores de Propagandas que han hecho una buena acción, consiguiendo una especie de famoso pero por papel picado.

4) Que a alguien se lo considere un fracasado. Los escritores de propagandas y la gente que ve propagandas, como se compraron un Ipod, se consideran grandes triunfadores en la vida, y les encanta reconfirmar este puestito mirando a gente a la que le va peor que a ellos, por ejemplo un telemarketer humillado, o un pibe con cara de cocker spaniel."


De un blog humorístico dentro del diario argentino Clarín: Yo contra el mundo.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Un mail de mi hija Camila

"Bueno, encontré esta interesante página, www.engrish.com, que tiene fotos de "Engrish" en lugares públicos, y, sinceramente, me mata de risa. El "Engrish" es el inglés con errores de gramática u ortografía que se usa sobre todo en Asia, especialmente en Japón, Corea y China. O, si quieren algo más simple, citaré un artículo de http://www.pcworld.com/ 'colecciona ejemplos de gente que intenta escribir en inglés... y falla patéticamente.' "
Y algunas fotos que venían con el mail:








'

Cerebrito


La Fiesta del Chivo, en adaptación teatral del colombiano Jorge Ali Triana, es un éxito merecido por varias razones. La contundencia del montaje –que no teme ir teatralmente de un extremo a otro, desde lo guiñolesco y macabro hasta lo sutil y melodramático- así como el ambicioso casting emocionan y satisfacen al público. Pero emociona también la pertinencia del montaje y de la novela de Mario Vargas Llosa al aludir dos temas perennes en la política peruana, que hoy vuelven a emerger: la brutalidad de las tiranías y la traición al pueblo. Si el primer tema es de actualidad por el juicio a Fujimori, el segundo es una nota constante, un bajo perpetuo en la vida republicana: desde el presidente Pardo huyendo en plena guerra con Chile con el dinero para comprar armas hasta García matando a paquetazos al mismo pueblo al que prometió felicidad, pasando por los tránsfugas de los 90 y los de hoy, más solapados pero igualmente traidores.
Ambos temas dividen la puesta en dos obras diferentes. La primera mitad narra, a grosso modo, la salvaje opresión de Trujillo a su República Dominicana. La segunda, en cambio, pasa de lo macro a lo micro y nos cuenta, reduciéndose a una tensa obra para dos actores, la traición de un padre a su hija, ruin e inolvidable, similar a la de los malos gobernantes hacia sus pueblos confiados. Cerebrito, destacado político, entrega a su hija a los apetitos del dictador haciéndose el idiota (como Morales Bermúdez entregó a los montoneros) y sobrecoge así a los espectadores, con la enorme vigencia que le da a la pieza el continuo tufo a traición que el pueblo peruano detecta por todos lados, desde la venta de Wong a chilenos hasta la nula reconstrucción de Pisco, mil veces prometida.
Sin embargo en la adaptación teatral no hay traición artística del teatro a la novela. Cuando joven defendí la adaptación al cine de Francisco Lombardi de La Ciudad y los Perros a la que acusaron de “traicionar” a la novela, y hoy apoyo las decenas de adaptaciones al radioteatro que hace Alonso Alegría con las mejores novelas de la literatura universal. No hay traición en resaltar plots, olvidar personajes o relegar subtemas si eso es necesario para lograr dramatismo. El arte es el ejercicio de la libertad y andar buscándole traiciones es querer amarrarlo con fundamentalismos que los mejores creadores abolieron hace años. Ser defensores de la pureza artística en el mundo actual es negarse al cambio y quizás, también., no ser capaz de ver las auténticas traiciones, aquellas que matan y hacen daño, esas que en vez de enriquecer nos empobrecen a todos y que no salen en espectáculos ni policiales sino, casi a diario, en la sección política.


Artículo mío publicado en Perú 21 el 22 de enero de 2008.

domingo, 10 de febrero de 2008

Mi reino por una escena

La escena, la unidad esencial del teatro, está llena de misterios, o como dirían otros, de trucos.
En una escena debes buscar siempre, como los improvisadores saben, cuáles son los personajes, cuál es la situación de cada uno –y si es común, cuál es su enfoque particular- y cuál es la acción de cada uno. Pero no debes confundir la acción con la actividad. Un hombre que va a matar a otro mientras el otro no lo sabe tiene una acción, pero el otro ¿qué hace? Quizás planche, doble papeles o no haga nada relevante, y eso suele definirse como una actividad. Pero esa actividad que parece insignificante y fácil de escribir puede tener mucho sentido poético y teatral: demórate en decidir cuál es. Hamlet va a matar a Claudio mientras este se distrae, pero la actividad que lo entretiene (rezar) es muy importante para la escena, para definir al personaje y para la acción posterior.
La situación de la escena –es decir, en qué momento de la acción general de la obra está esta escena- también importa: amenazar a alguien no es lo mismo al comienzo que al final de la película. Ejemplo: en Michael Clayton, el personaje de George Clooney hace muchas jugadas sucias pero la última, la situación que lo define como personaje, es totalmente diferente.
Hay otra cosa a considerar además del trío personaje – situación – acción que se usa para improvisar: cada escena debe tener emoción, información y acción. La emoción de la escena no necesariamente es la emoción de la obra: si es un drama lacrimógeno, quizá la escena que estés escribiendo sea cómica, reflexiva o poéticamente melancólica y no triste. La suma de emociones de las escenas crea una emoción general, que usualmente se refuerza con el final. (Mira las escenas de Átame de Pedro Almodóvar y verás que siendo casi una comedia policial, no todas las escenas son cómicas, y parte de la riqueza de este autor es su mezcla constante de emociones).
La información es lo que cuenta la escena respecto al pasado, lo que hace avanzar la acción y además, nos anticipa lo que viene. Una escena puede informarnos que algo importante se ha resuelto, pero anticipar que viene algo peor. La acción es casi obvia: tiene que pasar algo.

Recuérdalo: en tu escena debe saberse algo que haga avanzar la pieza (información), debe sentirse algo propio del momento y del personaje y coherente con toda la obra (emoción) y debe pasar algo que importe, que anuncie más acciones o que resuelva las anteriores. Con estos requisitos podrías inventarte, como ejercicio, tu personaje/situación/acción para escribir una escena. Y si no dice nada, no pasa nada o no hace sentir nada… todavía te falta.

Tienes que volar

Yo te digo que no
Que no puedo quedarme aquí
Si tú quieres quédate tú
Esta vida no es para mí...




La incomodidad con la vida que a uno le tocó. La necesidad de irse para empezar a progresar. Las ganas de no estar en el mismo sitio. El deseo perpetuo de huir, cambiar de aire, fugar. Todo en esta canción de Los Delincuentes con Bebe de invitada, cuyo link me mandaron anoche. Primer video que posteo.

lunes, 4 de febrero de 2008

Parálisis de escritor


Es típica pero inexplicable. La parálisis de escritor afecta a los menos cancheros o a aquellos que se juzgan demasiado, y hablo desde mi experiencia como dramaturgo y de lo que me cuentan colegas y jóvenes escritores, suponiendo que si la sufren los escritores top no lo confiesan muy a menudo. Uno tiene una idea, una historia, un detonante o algo que contar y cuando se sienta a escribir… no avanza. Hay mil razones para eso. Miedo, indecisión, inexperiencia, excesiva tecnificación e incluso sobrevaloración del resultado.
Miedo. Todos tenemos miedo a mil cosas cuando escribimos. A no saber cómo hacerlo, en primer lugar. O a que la idea en nuestras cabezas no baje al papel como la habíamos pensado. O a que lo haga mal y el resultado sea deplorable. También se teme al qué dirán –cuando los personajes se alejan de nuestra postura moral- o a reconocer los propios defectos, que no se ven en la escaleta o en la historia que tienes en la mente pero aparecen a medida que escribes: desde tu mala ortografía y tu desorden hasta la pomposidad de los parlamentos, el diálogo moroso, las frases hechas o la acción confusa.
Acá tengo que decirte algo que dicen todos los escritores: lo único peor que escribir mal es no escribir. O sea, siéntate y escribe. Una técnica posible es que escribas con errores adrede, sin importarte, jurándote que nadie verá eso más que tú. La otra técnica es escribir de golpe todo sin pensar en defectos ni en técnica. La tercera es escribir por segmentos, corrigiendo el primero antes de pasar al segundo, y así. Todos los autores hablan de cómo se desbloquean, pero lo primero que hacen es sentarse a escribir. No temen fallar porque no quieren lucirse ni ser geniales ni afirmar nada: simplemente quieren comenzar la obra. Luego, en la reescritura, corregirán, serán geniales, dejarán claros sus postulados o sus rencores, cambiarán sintaxis y ortografía, mejorarán parlamentos, pero eso será cuando corrijan lo primero que escribieron. La obra sale de corregir el primer material, y el primer material, cuando tienes miedo… no sale.
Así que a escribir primero para ti y sin pretensiones, cerrar los ojos y lanzarse al vacío. Si fallas, no morirás, porque la red que te cuida es tu propio ojo. Pero de ese error nacerá tu pericia. Eso en circo se llama usar el miedo para avanzar. Malogrando se aprende, dicen los sastres. Y en la escritura, la tela, el hilo y la aguja son imaginarios, o sea, son gratis.
Continuaré en otro post porque me gusta el tema.

Foto tomada de la web de The American Center for Artists.

domingo, 3 de febrero de 2008

sábado, 2 de febrero de 2008

Los tres finales de mi laberinto




Final 1

(Entra cantando con falsa calma, como si hubiera logrado volver a olvidar)
Qué difícil se me hace
Mantenerme en este viaje…

Tú matarías a alguien por plata? No me digas que no. Y si te digo que si lo matas te va a cambiar la vida, ¿no lo matas? No pues, no mientas. Y si te digo que es alguien que no conoces, que no te importa, y que si lo matas vas a tener acciones en la bolsa y todo el país va a estar recontrafeliz, ¿lo matas o no lo matas? Y si te digo que cuando muera ya no vas a tener miedo y vas a tener acciones en la bolsa y tu plata va a valer un montón... y vas a poder comprarte un depa... y vas a tener carros nuevos traídos directamente de Estados Unidos... ¿lo matas o no lo matas? Claro que lo matas. Es más. Ya lo mataste. Aunque te hagas el olvidadizo. Aunque te olvides de verdad, como yo. Y si te digo que tienen que morir un montón de desconocidos, ¿te daría lo mismo o no?
Eso dirías. Pero estarías toda la vida asustado cada vez que revienta un cohete y parece una bala. Vivirías triste como todos vivimos ahora. Sonriendo a la fuerza y escuchando canciones de los 80, de los 90, de nuestros años asesinos. Y si te digo que todos tus crímenes fueron en vano y que igual vas a seguir cagado después de haber asesinado, ¿te matas o no te matas? Claro que te matas, Danny. Por asesino y por tonto. Yo te entendería.
(Canta mientras se retira del escenario)
Temblando
con los ojos cerrados
el cielo está nublado
y a lo lejos tú

Hablando
de lo que te ha pasado
intentando ordenar palabras
para no hacerme
tanto daño tanto daño
y yo sigo temblando


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Final 2:
(Habla a platea, con sorna. El cinismo es su única salida.)

¿Cuántos murieron para que seamos felices?
Para que llegaran los grifos nuevos llenos de luces
como ovnis caídos en la ciudad del miedo,
¿recuerdan la llegada de los grifos?
Para que nos sangre un Kentucky entre los dedos.
Para que todo fuera delivery
¿a cuántos tuvimos que sepultar en el camino?
Deberíamos tener vergüenza de olvidarlos.
Porque está bien enterrar a los muertos pero no es justo
enterrar la memoria.
Por eso vivimos así
escondidos en la eterna adolescencia.
Contando los mismos chistes secos
como huesos. Por eso todos oímos música de los 80.
Para creer que no hemos crecido. Que nadie ha muerto,
que nada pasó.
Cierra los ojos y siente lo mismo que yo
cuando paso por un parque: Hay un muerto para cada uno
dispuesto a abrazarte por la espalda. Lo cargarás
como a un hijo
eternamente
Cierra los ojos y llora por esos desconocidos
Por el neón que esconde nuestro miedo
llora por tus muertos que forman todos juntos
la niebla el ruido
la oscuridad

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Final 3

(Interpela al público.)

Tú mataste a alguien que no recuerdas. Y tú, y tú, y tú también. Tu muerto está sentado en la butaca de al lado, pero no quieres verlo. Para qué, si ya está muerto. Pero en el fondo te acuerdas. Sabes que te mereces el peor de los castigos. Cuando te tocan el hombro en la calle volteas aterrado, ¿o no? Muerto de miedo. Cuando revienta una llanta. Cuando oyes un grito. Yo siento lo mismo que tú. Dejo una luz prendida en la noche. Cuando me asusto hago bulla. Salto, grito, pateo el piso. Qué fuerte ponemos la música ahora, ¿te has dado cuenta? Siempre la misma música, las canciones del ayer, lo único que podemos recordar. Eso y el grito de alguien que se muere, el grito que tapamos con canciones. ¿No lo oyes? ¿No lo escuchas? Me tapo los oídos y lo tengo dentro, dentro. Y no me acuerdo de quién es la voz. Porque tengo miedo como tú. Ya no me acuerdo de nada. Sólo de las letras de las canciones. ¿Acaso por eso soy malo? ¿Dónde están mis amigos? Somos los hijos del miedo. Los hijos del miedo cantamos. Los hijos del miedo nos reímos a gritos. Y los hijos del miedo tenemos mala memoria.

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Y el otro final está dos posts más abajo. Al final no creo que usen ninguno porque vi el ensayo y el protagonista termina revolcándose y gritándole a la maleta. Vayamos al estreno a sorprendernos, como siempre tiene que ser.
La imagen es del pintor peruano Fito Espinosa.


viernes, 1 de febrero de 2008

Laberinto de Monstruos


Un día de 2007 me invitaron a dictar un taller de dramaturgia en el TUC, el teatro de la Universidad Católica. Allí conocí gente muy loca e interesante, y uno de los más ambos era Mikhail Page.
Escribía, preguntaba, entraba y salía. Estaba lleno de proyectos. Antes de desaparecer me dijo: voy a dirigir tu obra, Laberinto de Monstruos.
Casi un año después, Mikhail está a punto de estrenarla este 7 de febrero en la Alianza Francesa, lo que le agradezco con sinceridad.
A inicios de los 90 escribí Laberinto... ambientada en el año 1975, y luego la adapté para que suceda en 1986, a pedido de Roberto Angeles y sus jóvenes alumnos, para quienes el 75 resultaba casi casi la prehistoria.
Esa es la adaptación que pondrá Mikail en escena, y que acabo de revisar.


La historia es simple: un grupo de jóvenes consigue su primer empleo y, llevados por la ambición y la fantasía, asaltan a un loco callejero que lleva siempre una maleta consigo para quedarse con la fortuna que esta contiene. El dinero, por lo que sucede luego, termina convirtiéndolos en monstruos.
Para mí, Laberinto siempre fue una protesta contra la ferocidad que se inculca a los jóvenes para orientar su energía hacia la sobrevaloración del dinero, pero con el tiempo y la extrañeza lo veo ahora, también, como una crítica a la sociedad comodona y aburguesada que vive estos tiempos de bonanza sin valorar ni recordar ni agradecer a los muertos sobre los cuales se sostiene.
Para resaltar esa idea propuse retocar el final de la obra, un monólogo conciso y oscuro, cambiándolo por algo más potente y que aterrice lo que quería expresar (que es lo mismo que piensa el director). Más abajo aparece una opción y pronto postearé otras tres propuestas. Veamos cuál gusta. Cuál sirve. Cuál funciona. Ya les cuento.


Imagen: boceto del afiche del montaje, uno de las varias propuestas que se están barajando. No sé cuál escogerán.