jueves, 30 de abril de 2009

La mejor amiga


Tenía cuatro patas
cola peluda
y ladraba
pero yo creí que era una chica
yo creí que era una chica.

Aullaba a la luna llena
cuidaba como oro
sus huesos
perseguía camionetas
pero yo creí
-lo juro-
creí que era una chica.

Saltó en una todo terreno
y no la vi nunca más.
Volvió al mes, sucia y contenta.
(Seguí creyendo lo mismo).

La dejé un día
acercarse
dormir al pie de
mis sueños
lamerme las manos los días grises.
Hablarme de jugar
de rabias
del futuro.
Hasta que la encontré con otra chica peluda
como ella
se olían se lamían
como nunca me había lamido
se encaramaban se revolvían
le pregunté quién es ella
no quiso decir su nombre pero lo leí en la placa
que colgaba de su cuello
que no pude apretar.

La escucho rascar la puerta mientras finjo que no existo.

Nadie sabe si soy loco,
yo creí que era una chica.

Qué habrá pensado de mí.

jueves, 23 de abril de 2009

La chica se llamaba Melody



Debo haber sido un niño muy sensible. O simplemente llorón. Pero vi esta película a los 11 años y me enamoré de todas las chicas del mundo, y el amor me daba pena, y no sabía qué sentir.
Hoy la oigo y me gusta lo que siento, pero me da miedo también.
La música era extraordinaria: me tocó tanto como la cara de ella, o la historia (que no recuerdo) o qué se yo.
Quizás simplemente debería volver a verla con alguien al lado. Con Melody. Con alguien que no se asuste viéndome recordar.




viernes, 17 de abril de 2009

Maldito cubito


Si vienes del blog de El Comercio a leer sobre Dora, es en el siguiente post, debajo de éste. Gracias.

viernes, 10 de abril de 2009

Ni calco ni copia: creación heroica


Leí una obra y me inspiró escribir otra parecida.

Siempre me ha pasado.

Me lleno de historias que me conmueven y luego, una obra ajena me impulsa a escribir mi historia.

Ocurre a veces cuando leo algo que me toca mucho, que me conmueve por la integración de lo formal, lo emocional y lo social. Ocurre también, para bien y para mal, cuando veo un montaje que no me gusta y anoto no sólo mis impresiones sino las mil ideas que me llenan la cabeza para aprovechar esa escalera inútil, ese buen actor desperdiciado, ese gran momento de tensión que resalta de improviso en una mala puesta.

De obras ajenas saco impulso pero sobre todo, sugerencias estructurales, una idea de la forma primigenia de mi obra, una en la cual mi historia pueda calzar y que además me permita desarrollar el lenguaje como quiero en ese momento.

¿Cómo quiero escribir ahora?

Después de leer a Lukas Bärfuss quiero una obra breve, con la historia de una desgraciada a la cual le pasen pocas cosas pero todas malas. Una historia en la que todos los personajes que la rodean se sientan buenísimos pero hagan, a vista del espectador, maldades espeluznantes. Además quiero que no haya monólogos, que el diálogo corra como Woyzeck –"como una navaja abierta"- y que las acotaciones sean escuetas y mínimas, como en Las neurosis sexuales de nuestros padres, la obra de Bärfuss que tanto me ha estimulado. Maestro. Escribí de él en mi blog de El Comercio, pero todo esto que es más personal viene acá, para saciar mis ganas de contar mi proceso y tu curiosidad, (sí, la tuya, decadente espía, que abres la boca sorprendido al saber que de sorpresa, con esta frase, te señalo con el dedo). Guiño para la platea, venia y hasta pronto.

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La foto es mía: una banca en un parque de Disney.

En esta web encontré este comentario que comparto por útil:

"Lukas Bärfuss cuenta la situación de Dora con brevedad, en escenas cuyo sabor lacónico revela los esfuerzos que les ha dedicado. Se abstiene de toda explicación del hierro caliente social que también se podría forjar de esta historia. No toma postura y no toma partido. Observa y muestra. Observa con la mirada ligeramente maligna del satírico que se detiene en personas en apuros, es decir, sus escenas emprenden siempre el camino más directo al quid de la cuestión, pero no acusa. No hay sitio para palabrerías solemnes esquivas. Y en esta discreción reside la fuerza de su obra. Aparte de Dora, naturalmente. No hace de ella una heroína ni una santa, y menos aún una víctima lamentable. No se pone delante de ella en tono pedante. La observa desde una distancia casi tímida. Es totalmente preciso cuando trata los detalles de su comportamiento, pero no la somete con pedanterías auctoriales. El secreto de su ingenuidad, que es también el secreto de su indestructibilidad, permanece sin revelar. Y eso no sólo está bien. Es hermoso".
(Dorothee Hammerstein, Programa de mano Jornadas de Teatro de Mülheim 2003)

miércoles, 8 de abril de 2009

Otra nota para el olvido

Ahora resulta que había un montón de premios de teatro, además del certamen del Ayuntamiento de Guadalajara que alguna vez gané, y el de Sevilla que ya lo conozco (¿o gané el de Sevilla? Qué memoria...). Hay un certamen en el Ayuntamiento de Torreperojil, Jaén, o lo había al menos: Ayuntamiento de Torreperojil, Patronato de Cultura y Deportes, Plaza de la Villa, 19, 23320, Torreperojil (Jaén). Digo y anoto esto para no olvidarme de mandar mis textos, que siempre me olvido y después, por olvido, no tengo ni cómo lamentarme. Hay el Tirso de Molina, que arañé pero nada, y el Casa de las Américas, que premia teatro este año. Existe el Premio "Carlos Arniches" de la Ciudad de Alicante, el Enrique Llovet (creo que en Málaga) y así, miles y yo no sé a cuál convendrá mandar qué, y cuando tengo una obra lista me olvido, salvo que lo haya predeterminado. Pero tengo como tres obras a medias, e ideas para más, y vida para ninguna. Por lo menos, anotar me hace pensar.

lunes, 9 de marzo de 2009

Ninguna serpiente se muerde la cola


Para estar siempre feliz se aferraba a los recuerdos.
Para no perder recuerdos los guardaba en una cámara.
Para no perder la cámara la metía entre sus papeles.
Para no perder los papeles los embutía en una mochila.
No perdía la mochila: la llevaba en el automóvil.
A su vez al automóvil lo albergaba en el garaje.
El garaje no se movía: era parte de la casa.
La casa, con sus objetos, era base de la vida.
Un día, la casa ardió.
Para no perder la vida hizo lo que nadie haría: estar siempre feliz y sonreír sin descanso, sin fotos, sin papeles. Cubierto de cenizas pero atado al porvenir.

La ilustración es de una página delirante dedicada al Tarot y su simbología.

lunes, 2 de marzo de 2009

Supersueño

Soñé que mi carro se quemaba –sólo la mitad de atrás- porque lo había llenado de botellas de alcohol, tintes y cosas medio alquímicas y unos jardineros cerca lo habían cargado con las manos para estacionarlo mejor, provocando el desastre. Soñé que se aparecía Dani, ponía una agencia y se presentaba a todas las cuentas de la agencia en que trabajo. Soñé que un cliente tenía una tienda de embutidos y delicatessen y cortaba la corteza de los panes de molde poniendo las hogazas en una fila vertical, casi infinita, y pasándoles el cuchillo por los lados mientras me hablaba de la verdad. Soñé que Superman venía a Lima en visita promocional y yo le pedía soplar una botella y formar otra, una linda botella conmemorativa hecha con el supercalor de sus superojos en sus incombustibles supermanos. Empezaba a soñar que estaba inmensamente triste cuando el humo me despertó; oí un soplido, volví a dormir.

viernes, 20 de febrero de 2009

Los últimos días

Se acaban mis vacaciones. Me alejé y me acerqué según hizo falta. Abrí caminos, cerré otros. Y ahora cerraré la laptop, porque necesito oír mi voz -mis voces- pidiendo y llorando, alegres y directas. Definir lo que sueño -entre tantos sueños- avanzar más lo ya avanzado y poner mi mente en lo que quiero, atendiendo a la frase que oí en una película que vi con Alicia: a donde va tu mente, todo lo demás lo sigue.
Escribí en Superpopper que el villano, el Zombie Maker, usaba las pantallas para chuparnos el cerebro. Dejaré de mirarlas hasta el proximo fin de semana. Miraré mis manos, mi gente, los sueños que se me pongan delante.

jueves, 29 de enero de 2009

Los niños perdidos

Todos quieren recibir.
Pocos quieren dar con la intensidad con que reciben.
Todos tienen sueños.
Pocos quieren cumplirlos.
Todos tienen ideas.
Pocos quieren ser artistas.
Todos quieren amar.
Pocos quiere compartir la vida.
Todos dicen estar perdidos.
Pocos buscan.
Todos quieren amar a alguien.
Pocos quieren amarse a sí mismos.
Todos tienen un blog.
Todos.

martes, 27 de enero de 2009

Yo también vi llorar a mi padre


"En julio de 1950 yo tenía nueve años. Estaba jugando en la calle, como siempre, y Dondinho me llamó:

"adentro, que ya empieza la final".

¿Qué final?, pregunté.

"La final del mundo entre Brasil y Uruguay".

-¿Y qué pasa?, insistí.

"Que va a ganar Brasil y vamos a celebrar", respondió.

Papá, tío Jorge y varios amigos escuchaban el juego por radio. Cuando terminó, con el triunfo de Uruguay por 2 a 1, Dondinho lloraba. Nunca había visto a mi padre llorar y le dije, por esas cosas de niños, para consolarlo:

-No llore, papá. Yo voy a ganar una Copa del Mundo para usted, se lo prometo".


Contado por Pelé, tres veces campéon del mundo, 1282 goles, en su libro de memorias Mi legado.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Hagamos Meme


Reglas para que hagas (este) meme:
>Linkear a la persona que nos escogió. (tú a mí, o yo a Camila, por ejemplo).
>Subir la imagen del Meme e incluir la fuente (la he linkeado a la fuente, cheka bien).
>Compartir 3 cosas que nunca hayamos hecho y nos gustaría hacer y 3 cosas que nunca hayamos hecho y nunca haríamos.
>Elegir 6 personas al final y poner los enlaces de sus blogs.
>Avisar a estas personas dejando un comentario en su blog.
Tres cosas que nunca he hecho y me gustaría hacer:
  • Vivir tres meses en una playa, o en el Cusco.
  • Comprometerme de verdad con alguien que me quiera de verdad.
  • Pasarme dos años enteros tomando fotos y escribiendo.
Ahora, tres cosas que nunca he hecho ni quiero hacer:
  • Negocios sucios.
  • Dejar de escribir.
  • Hemodiálisis.
Ahora elijo seis y uno más, de yapa:
Porque escriben bien, les importa lo mismo que a mí pero no piensan como yo.
Mi hija Sara Camila me lo envió y ahora te lo envío yo. Besos, abrazos, suerte.
Al blog de mi flaca llegarás cliqueando la imagen. Yo meme soy.

Me salvarán mis amigas


Mi hermano mayor era gordo. Murió de ACV. Mi hermana engordó cuando se enfermó de las glándulas suprarrenales. La curaron. Mi otra hermana es gordita desde niña. ¿Me volveré gordo? Una bruja me lo dijo hace 10 años. Lo había olvidado.

Lo había olvidado hasta ayer, cuando me encontré en facebook a una amiga vive en NY y que no veo hace años. Le mentí en broma cuando me preguntó ¿cómo estás?

 “Estoy calvo –le escribí- y peso 100 kilos”.

Dos días después me escribe desde Buenos Aires otra amiga, que trabajó conmigo: “jefe, ¿Cómo estás? Soñé que pesabas 100 kilos y que tenías la voz muy ronca…”

Salí a correr. Comí vegetales. Llegando a Lima me chequeo las suprarrenales.

Sabía que desaparecería


Sus cosas no estaban. Las luces encendidas. El incienso apagado. El viejo no entendía dónde podía haber ido la vieja. Vieja era un decir: No lo era tanto como él. En verdad era 20 años menor, pero eso no los separó nunca. El siempre le había dado todo, aunque nunca pudo entenderla por completo. Ella decía amarlo pero pese a eso era capaz de cualquier cosa. Cuando se conocieron ella le declaró su amor durante un año y, terminado el año, se fue a probar suerte con un banquero extranjero al que le aceptó un viaje pasional por playas paradisíacas que el viejo nunca conocería. Sin embargo, llamaba al viejo cada atardecer playero para llorar y decirle que lo amaba (y después desnudarse para dormir cada noche playera con el banquero). Regresó y no pidió perdón, pero él la recibió sin exigirle nada. Un año después volvió a largarse, esta vez buscando su destino a varios países de distancia. Se reencontraron porque él fue por ella –pretextando un viaje de trabajo- y en el reencuentro amoroso ella le contó sus romances mientras él tragaba, en la mesa de una heladería, su furia de amar a un ser insensible. Se alejaron, por ella, una vez más. El viejo probó a enamorarse pero ella volvió y apeló a todo para reconquistarlo: escenas de celos, de seducción, de ternura. Insistieron entonces, pese a lo sufrido. Había en esta relación un dolor irrenunciable, un potencial de maltrato y culpa que sus almas perversas no podían dejar atrás. Pasaron los años. El se negó a darle un hijo y ella se negó a comer. Hoy, de repente, la vieja había desaparecido. Ya lo había hecho antes y el viejo recién lo notaba. Cada vez que viajaba, desaparecía. Cayó en cuenta de que nunca le pidieron perdón. De que ella nunca fue capaz de decirle prioricé el placer, la riqueza y la experiencia antes que amarte. Descubrió que su devoción era masoquismo y la de ella, una máscara. Que aquello que tanto temía –porque lo que uno teme que le pase es lo que ya le ha pasado- le venía ocurriendo mil veces, una cada año. Oyó de golpe el estrépito de una casa derrumbándose. Un rayo sordo, un enorme golpe de viento. Ahora sabía que lo querían mal, para hacerle daño, para usarlo, para cobrarse revanchas con seres ya inexistentes. Se levantó, tomó sus cosas y se fue él también, dejando el hogar vacío. Los muebles desaparecían mientras él caminaba hacia la puerta. Al llegar a ella se miró al espejo, lo único que quedaba dentro de esa casa. Tenía 40 años menos. Sonrió y la puerta se abrió sola.

Cuando la vieja volvió no encontró a nadie. Miró hacia la playa por la ventana y sólo pudo ver a un chico alegre que cargaba un morral mientras conversaba con una desconocida.


 La foto es de alguien en flickr: http://flickr.com/photos/carbonnyc/132922595/

martes, 21 de octubre de 2008

Entendiendo la publicidad

Hablamos mucho de publicidad en Montevideo, mientras filmamos un comercial.
Acá, un resumen de lo dicho.

sábado, 18 de octubre de 2008

martes, 30 de septiembre de 2008

Como si fueran de ayer


Una web dedicada a cámaras pobres: de plástico, viejas, de mala imagen.


Y la web de Mr. E. Cipher, especialista en hacer fotos a través del visor de una cámara antigua.

La foto es de Cipher. Esa corriente genera imágenes mágicas y hermosas. Ya haré las mías.





El cuadro


Ella lo pintó hace más de 15 años. Nos conocimos en la cola del teatro donde me habló maravillas de una obra que acababa de ver, y a mí me costó días decirle que yo era el autor. Mi obra no era tan maravillosa, pero ella sí. Su carácter, su inteligencia y su talento me acompañan todavía como ejemplos de vida. Nuestra relación terminó mal -por mi infinita incapacidad de enredarlo todo- pero mi admiración por ella seguía tan presente como sus cuadros, que me acompañaron aun después de que ella se fue. Formé una familia y mi mujer aceptó que esos cuadros fueran parte de la casa. Me separé y al llevármelos me di cuenta de que no me pertenecían. De que eran tan bonitos que conservarlos era quitarle algo a quien los pintó. La busqué y se los devolví. Tuvimos un diálogo telefónico brevísimo. No la vi. Los dejé con el vigilante. Me sentí etéreo y liberado, feliz, entero. Como el ser que surgía del cuadro que fotografié malamente en el carro, antes de que el huachimán lo recibiera con escepticismo. Oí una niña reírse durante la llamada. Mi hija quiere ser pintora. Yo también sonreí.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Galeano no tiene DVD


Un artículo muy lúcido de Eduardo Galeano. Me lo mandó Gaby.


Por qué todavía no me compré un DVD


Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están fastidiando! ¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de xx años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon.
La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo' pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.
Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo)
Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.
¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.
Y guardábamos. ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!!
¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.
Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.
Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.
¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'este es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa (broches) y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se tansformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.
¡Ah¡ No lo voy a hacer!
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.
De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.
Hasta aquí.



La foto es de Kai Yamada, que hace lo que hace con una cámara de plástico igualita a la mía.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Si yo fuera Serrat, diría lo mismo


Discurso de agradecimiento de Joan Manuel Serrat al recibir un Doctorado Honoris Causa en la Universidad Complutense de Madrid, vía Lado B, aunque no lo ponen completo. Qué lindo sentir que alguien dice mejor que yo algo que se me había ocurrido. En serio. Lo juro. Por Dios.

Antes que nada, quiero agradecer esta distinción con la que me honran.
Aunque mi amigo Rafael Azcona sostiene la teoría de que los premios han de ser secretos y fuertemente dotados, este es distinto y especialmente agradable, porque es uno de los que podré presumir ante mis hijas y mis paisanos: ya saben que a los catalanes no hay cosa que nos guste más que ganar en Madrid.
Además, debo confesarles que me gustan las razones que se argumentan para concederme hoy este honor. Se desprende de ellas que les caigo bien y que ha sido un amigo el que ha montado este festejo.
Según palabras de otro buen amigo, José Luis García Sánchez, se ponen ustedes tan estupendos en los méritos considerados, que la distinción, según él, casi sabe a poco; y añade que, de ser verdaderos tales méritos, me debían, además, hacer duque de Pueblo Seco y regalarme una vajilla de doce servicios. Incluso concluye que ustedes no encontrarían descabellado que, en un ataque de vanidad, le hiciese una OPA a Joaquín Sabina.
Probablemente, las virtudes que se me atribuyen son algo exageradas. Pero digo yo que no habré sido un arbusto tan torcido cuando me han dado el birrete.Quizá la forma más coherente de agradecer este honor fuera el componer para ustedes una copla del tipo ‘Birrete, ay, mi birrete...", de rima agradecida, aunque un poco fuera de lugar.
Bromas aparte, ahora espero que entiendan y respeten mi derecho a defenderme de tanto halago.
Yo aprendí el oficio de hacer canciones y cantar de otros que antes lo aprendieron de otros, y me hace feliz pensar que tal vez con mi trabajo he podido ayudar al aprendizaje de los que siguen.Si he contribuido poética y musicalmente a dignificar la canción, me parece fantástico que ustedes, contemporáneos míos, me lo hagan saber y me siento muy halagado de que me lo agradezcan.
La gratitud no es una virtud frecuente; más bien lo contrario. La historia está llena de hombres que mucho han contribuido en este u otro aspecto de la vida y que no han recibido a cambio más que el desprecio y la ingratitud de sus contemporáneos, aunque coincidirán conmigo en que un hombre que disfruta del privilegio de dedicarse a una profesión que le hace feliz, que hace lo que le gusta hacer, que le pagan por hacerlo y que además constantemente percibe que la gente le quiere, más que un mérito tiene una bendición. Y este es mi caso.
También me alegra que conste entre los méritos que se me atribuyen el de haber contribuido a la difusión de la obra de grandes poetas españoles, pero les confieso que, al musicar poemas de Antonio Machado, de Miguel Hernández y de otros maestros, no era exactamente esa mi intención. Lo hice porque sus poemas me conmovieron. Lo hice siguiendo el camino de otros que lo hicieron antes que yo, como Paco Ibáñez, como Raimón, como Alberto Cortez y algún otro más. Lo hice porque los versos sonaban a canciones. Canciones bellas e inteligentes que a mí me hubiese gustado escribir. No se si ellos, los grandes musicados, estarán de acuerdo con lo que se ha hecho con su obra, ni con lo que se ha dicho aquí al respecto. Realmente seria interesante conocer su opinión.
En mi defensa les diré que una de las mayores satisfacciones que tuve cuando grabé aquellas canciones con versos de Antonio Machado fue una carta del gremio de libreros de Madrid en la que se me agradecía, después del éxito del disco, mi contribución a que las ventas de los libros del poeta se multiplicaran.
Decía Xavier Regás, afamado crítico teatral barcelonés y padre de amigos tan entrañables como Oriol, Xavier, Georgina y Rosa Regás, que un hombre culto en Barcelona, allá por los 70, era aquel que conocía la existencia de Antonio Machado antes de que Serrat hubiese puesto música a algunos de sus poemas.No le faltaba razón. He conocido a alguno que discutía de Machado sin haber leído jamás un poema suyo, solo porque había oído el disco: opinaban de la película y solo habían visto el trailer.
La carta del gremio de libreros tranquilizó mi conciencia, en el sentido de que mi trabajo tal vez sirvió para algo más que para darle una capa de pintura a la ignorancia.
También me gusta la idea de haber contribuido a normalizar el catalán o, mejor dicho, a devolver la normalidad al catalán. Aunque en mi caso no hay que darle mucha importancia porque, aparte de ser catalán, ejerzo de tal, y para mí expresarme en catalán ha sido algo tan natural como que crezcan las uñas. Si hay que agradecer a alguien su contribución a la normalización del catalán, hagámoslo con quienes han peleado por defender el derecho propio o ajeno, sobre todo el derecho ajeno, por devolver la normalidad a una lengua y una cultura que solo la intolerancia, la ignorancia y el rencor marginaron.
Soy bilingüe, como los reptiles. Aunque me reconozco catalán, soy mestizo; y, por mi origen, escribir y cantar en castellano es también una manera natural de expresarme a la que no estoy dispuesto a renunciar, de la misma forma como jamás pensé en dejar de escribir y cantar en catalán. Si alguna vez alguien me preguntó en cual de las dos lenguas me expresaba mejor, mi respuesta fue que siempre me expreso más a gusto en la que me prohíben hacerlo.
Tal vez ustedes, al premiarme con este doctorado, han querido contribuir al esclarecimiento de uno de los misterios de la metafísica patriótica o, en términos de Antonio Machín, a resolver el dilema de: Cómo se pueden tener dos idiomas a la vez y no estar loco.
Seguro que en esto habrá quien tenga otro punto de vista tan legítimo como el mío. Pero en lo que supongo que estarán de acuerdo conmigo es en que el hombre, al defender los valores democráticos, al enfrentarse a la discriminación y la intolerancia, al defender la riqueza del pensamiento libre y plural, no hace otra cosa que actuar en defensa propia.
Reivindico valores como la libertad y la justicia como un algo único, pues no hay libertad sin justicia, ni justicia sin libertad. Lo hago frente a la preponderancia aplastante del dinero, valor supremo por el que se miden y se valoran las cosas y las gentes. Reivindico la justicia y la libertad, porque reivindico la vida. Reivindico a la humanidad en su sentido más amplio. Reivindico a los humanos y a la naturaleza, que nos acoge y de la que formamos parte. Reivindico el realismo de soñar en un futuro donde la vida sea mejor y las relaciones más justas, más ricas y positivas, y siempre en paz. Y sobre todo, como un derecho que todo lo condiciona, reivindico el conocimiento como el pilar fundamental que nos sustenta y que nos caracteriza positivamente como especie. Que esto sea digno de reconocimiento es algo que debería hacernos reflexionar acerca del mundo en que vivimos y de los valores que lo mueven.
Como decía el profesor Casares, cuando hablamos del canto y de quien lo practica hablamos de un arte que ha vertebrado la sociedad. Yo escribo canciones para expresarme, pero también para comunicarme. Los argumentos de mis canciones están en mí, pero también están alrededor de mí. Son lo que yo siento, pero también son lo que me cuentan los demás. Son lo que yo soy, pero también lo que me gustaría ser. Son mi realidad, pero también mi fantasía.
Las canciones viven en la memoria personal y colectiva de las gentes. Las canciones viajan y nos transportan a tiempos y lugares donde tal vez fuimos felices. Todo momento tiene una banda sonora y todos tenemos nuestra canción, esa canción que se hilvana en la entretela del alma y que uno acaba amando como se ama a sí mismo. Tal vez alguno de ustedes ahora este pensando: "Por su culpa, Serrat, me casé con el que hoy es mi esposo -o mi señora-… estábamos un atardecer de verano en la playa, cuando empezó a sonar su canción…etcétera…". Por favor: eso no es culpa de mis canciones, sino de sus atardeceres de verano y de sus ímpetus juveniles. Así son algunas canciones. Personales e intransferibles. Otras aglutinan un sentimiento común y se convierten en himnos. Entonces dejan de pertenecer al autor para ser de todos.
Me complace que hayan valorado ustedes esta parcela de la poesía que es la canción popular, que, además de algunas otras cosas, es una forma de acceder al conocimiento del mundo. Les puedo jurar que en la composición y en la ejecución de algunas canciones populares hay hallazgos tan definitivos como el teorema de Pitágoras o las virtudes del ácido acetilsalicílico para combatir la cefalea. Dice el refrán que "quien canta, su mal espanta". Y es cierto. Cantando compartes lo que amas y te enfrentas a lo que te incomoda. Conjuras los demonios y conviertes sueños en modestas realidades. Yo canto por el gusto de cantar. Cantar me da placer. Por eso, para mí, tener el oficio de cantar es un privilegio. Aparte, siempre te dan mesa en los restaurantes.
Estoy seguro de que, por encima de todos los considerandos que se enumeran, esta distinción es el fruto de algo tan simple y preciado como el cariño. Así lo entiendo y lo agradezco. Si para algo vale la pena vivir es para querer y ser querido. Es lo que mueve mis pasos. Probablemente, a lo largo de mi vida no haya hecho otra cosa que lo que estoy tratando de hacer ahora mismo: que me quieran mis amigos. Y tener cada vez más. Que es la única acumulación que merece la pena en la vida y por la que no se pagan impuestos.

Muchas gracias

JOAN MANUEL SERRAT

viernes, 18 de julio de 2008

¡Pronto, la dopamina!

Foto de Mike Ferris en Photo.net.

Y ahora del doctor Hare y los sicópatas del post anterior voy a la doctora Fisher, con esta entrevista espectacular que me movió tanto y de la que pego todo lo que puedo. La saqué de aquí.


¿Existe realmente el amor a primera vista? ¿Puedes conseguir que alguien se enamore locamente de ti?

¿Alguna vez te has preguntado en qué medida el amor depende del corazón… y en qué medida de las hormonas? ¿O si el amor a primera vista existe realmente… o si se trata de algo que ha inventado Hollywood? Y en cuanto a la química ¿se puede crear? ¿o simplemente aparece de la nada? Muchos nos hemos planteado estas cuestiones y nosotros hemos decidido buscar algunas respuestas. Por eso nos hemos sentado con la destacada antropóloga Helen Fisher de la Universidad Rutgers y autora de libros como Por qué amamos. La doctora Fisher ha dedicado su carrera a intentar entender el amor, cómo y por qué funciona en los humanos, y ha accedido a compartir sus descubrimientos con nosotros.

En resumen, ¿por qué nos enamoramos?

Doctora Fisher: En mi opinión, el amor romántico es uno de los tres sistemas que emplea el cerebro que sirven para conseguir la reproducción. Cada uno de estos sistemas tiene una función: el instinto sexual se desarrolla para que busquemos una pareja. El amor romántico aparece para que empleemos todas nuestras fuerzas en una sola persona y así ahorremos tiempo y energía. Y el apego, el sentimiento de seguridad que se experimenta con una pareja estable, se desarrolla para que nos quedemos con esa persona el tiempo necesario para criar a los hijos.

¿Por qué es tan agradable estar enamorado?

Doctora Fisher: Porque en el cerebro se disparan algunos de los circuitos del placer más poderosos. La sustancia química que aparece es la dopamina, que produce euforia, energía, insomnio y hace que centremos nuestra atención en la persona que amamos. Se experimenta algo similar a un colocón de cocaína.

¿Existe el amor a primera vista?

Doctora Fisher: Sí. Seguramente les sucede más a los hombres que a las mujeres porque los hombres son más visuales, pero creo que todos recordamos ocasiones en las que sentimos una atracción inmediata por alguien a quien apenas conocíamos. Tiene una razón práctica: en el mundo animal no te puedes pasar tres meses hablando de tu currículo; tiene que saltar la chispa inmediatamente para que comience el proceso de reproducción.

¿Enamorarse es una cuestión de esperar a que llegue el momento adecuado?

Doctora Fisher: La situación en la que se encuentra la persona es importante. Puedes estar sentado en una fiesta al lado de la pareja perfecta y puede que no te des ni cuenta si estás demasiado ocupado con tu trabajo, enredado en otra relación o preocupado por lo que sea. Pero, si te acabas de trasladar a una ciudad nueva, te has recuperado de un desengaño amoroso, has empezado a ganar lo suficiente para mantener una familia, estás atravesando una mala racha o tienes mucho tiempo libre, tienes todas las papeletas para enamorarte.

¿Podemos hacer algo para que una persona se enamore de nosotros (o para conseguir que nosotros nos enamoremos de alguien)?

Doctora Fisher:
Hacer cosas nuevas juntos. La novedad y la emoción aumentan la actividad de la dopamina y norepinefrina en el cerebro. Estos neurotransmisores estarán relacionados con la energía, la euforia, la atención y la motivación (rasgos fundamentales del amor romántico). Así que, cuando haces cosas nuevas, estos elementos químicos empiezan a funcionar y pueden conseguir que te acabes enamorando.

¿Se puede hacer algo para dejar de amar a una persona?

Doctora Fisher:
Algunas personas, sobre todo las mujeres, hablan tanto de una relación que ha fracasado que se hunden aún más. Lo que hay que hacer es deshacerse de las cartas y los mensajes de tu ex. No llamar ni escribir. Tumbarse al sol y hacer ejercicio ayudan a cambiar la química del cerebro.

¿El sexo hace que la gente se enamore?

Doctora Fisher:
El sexo puede desencadenar el amor, seguramente porque después de un orgasmo se dispara la dopamina. Así que ten cuidado el decidir con quién te acuestas (te puedes acabar enamorando sin querer).

¿El amor acaba desapareciendo con el tiempo y se puede hacer algo para evitarlo?

Doctora Fisher:
El amor intenso puede durar entre uno y tres años. Después de ese tiempo, ese sentimiento remite. Pero si dos personas son compatibles, hay muchas formas de renovar una relación que flaquea. La novedad puede incitar el amor, también el sexo. Haz algunas de las cosas que hacíais cuando empezasteis a salir

¿Qué papel juega la química en el amor?
Doctora Fisher:
Creo que cuando la química de una personalidad encaja bien con otra, se produce una combustión que dura toda la relación consiguiendo que las dos personas no se separen y estén felices durante los momentos difíciles, cuando el amor se encuentra bajo mínimos.

¿Los hombres y las mujeres experimentan el amor de forma diferente?

Doctora Fisher:
Los hombres se enamoran antes que las mujeres. A las mujeres les lleva más tiempo porque tienen que crear un pasado de los comportamientos de su pareja. Ellas tienen que poder recordar lo que su pareja les ha prometido, lo que él ha hecho por la relación o lo que ha dejado de hacer.

¿Qué buscan los hombres en una pareja?

Doctora Fisher:
Los hombres suelen escoger mujeres jóvenes y guapas (la primera vez que se casa un hombre, suele hacerlo con una mujer tres años más joven que él). Los hombres también se sienten atraídos por las mujeres que los “necesitan”. Los hombres quieren sentirse útiles.

¿Qué buscan las mujeres en una pareja?

Doctora Fisher:
Las mujeres suelen sentirse atraídas por parejas con dinero, prestigio y ambición. Un estudio demostró que la seguridad económica condiciona a la hora de elegir pareja al doble de mujeres que de hombres. Los hombres buscan sexo, mientras las mujeres buscan éxito.

¿Se puede amar a más de una persona?

Doctora Fisher:
No. Creo que puedes sentir deseo o apego por más de una persona. Pero no amor. Como dice un aforismo indio “El camino del amor es estrecho, sólo hay sitio para uno.”

¿Cuál es el error más grande que comete la gente en el amor?

Doctora Fisher:
Algunos se enamoran antes de llegar a conocer a sus parejas y se casan en este estado de éxtasis. Lo mejor sería esperar a que esa primera fase acabe para poder ver los fallos de la relación antes de comprometerse de por vida.

¿Después de haber visto tantos datos científicos acerca del amor, qué es lo más importante que debemos aprender?

Doctora Fisher:
Para mí, lo más importante que han descubierto los científicos es que el amor no fue inventado en el siglo XI por los trovadores en Francia. Existen poesías de amor de los sumerios escritas hace 4.000 años, así como evidencias del amor en 150 sociedades. En realidad, nos parecemos mucho en uno de los aspectos más básicos y más bonitos.