miércoles, 18 de abril de 2007

Pared pintada en Cerro Azul


Hazle clic y ten paciencia. La ola te llevará.

El anillo perdido

Cuando Natalia pidió la quinta copa de vino su amiga Inés sonrió satisfecha. Sonrieron también los dos amigos de su amiga, que habían ido a conocerla y de los cuales uno no dijo casi nada en toda la noche mientras el otro hablaba y hablaba sin dejar de mirarla a los ojos. Natalia notó que algo le faltaba. Se tocó el dedo y dijo: mi anillo. Sintió llegar la embriaguez cuando se agachó a buscarlo en el suelo. Arrastrándose bajo la mesa se reprendía por haberlo dejado caer, sabiendo lo mucho que significaba este anillo para ella y para el hombre que la esperaba en casa sin saber de la salida con Inés, de los dos amigos, de las cinco copas. Inés se quedó sentada, divertida, impasible ante la pérdida. El amigo mudo también permaneció inmóvil. El segundo en cambio tanteaba en la arena del bar playero con verdadero interés, pero no por el anillo. Natalia dijo en voz alta algo que ya no recuerda –cómo he sido tan tonta o algo así- y su amiga desde arriba respondió algo que parecía haber repetido varias veces sin ser oída: nunca trajiste puesto ningún aro. Natalia, a gatas sobre el piso oscuro, trató de recordar algún detalle del objeto perdido y nada vino a su mente. Ni su color, ni su forma, ni siquiera el momento obligatoriamente inolvidable en que suponía haberlo recibido como obsequio del ausente. Se congeló, pasmada. Su búsqueda perdió todo sentido. Descubrió que en su habitación la esperaba sólo una cama vacía. Quiso llorar mientras gateaba. Levantó los ojos y vio los de él, que no dejaban de mirar los suyos y estaban demasiado cerca.

sábado, 7 de abril de 2007

Como un hielo al sol

EL GUARDIÁN DEL HIELO

Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.

Oh cuidar lo fugaz bajo el sol…

El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil.
Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza
de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.

No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
yo soy el guardián del hielo.

José Watanabe (Laredo, 1942) , el poeta peruano de más brillo en la actualidad. Más sobre él.

viernes, 6 de abril de 2007

Abril es el mes más cruel.


Abril es el mes más cruel, hace brotar
lilas del interior de la tierra muerta, mezcla
la memoria y el deseo, estremece
las raíces marchitas con lluvia de primavera.
El invierno nos mantuvo calientes, cubriendo
la tierra con nieve de olvido, alimentando
un poco de vida con tubérculos secos.
El verano nos sorprendió, pasando sobre el Starnbergersee
con una cortina de lluvia; hicimos un alto bajo la galería de columnas,
y continuamos a la luz del sol, adentrándonos en el Hofgarten,
y bebimos café, y hablamos durante una hora.
Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch
1.
Y cuando éramos niños, pasando una temporada donde el archiduque,
donde mi primo, él me sacó en un trineo,
y yo estaba asustado. Él dijo, Marie,
Marie, agárrate fuerte. Y para abajo fuimos.
En las montañas, allí uno se siente libre.
Leo, gran parte de la noche, y voy al sur en invierno.


Tomado de La Tierra baldía de T.S. Eliot.

"La tierra baldía es un largo poema (433 versos) dividido en cinco partes. En cualquier caso, forma un todo unitario que sólo cobra sentido teniendo en cuenta todos sus elementos simultáneamente. Trataremos muy brevemente cada una de las partes, mutilando así inevitablemente toda su riqueza y, sobre todo, esa extraordinaria belleza que únicamente la lectura puede trasmitir" dice Olga Osorio, que estudia este libro. En otro blog, Jesús Ruiz lo traduce. Yo he tenido suficientes explicaciones y cito estas líneas sólo para comenzar el otoño.

jueves, 5 de abril de 2007

TEATRO DE LA AUSENCIA

El dolor menos admitido de nuestros tiempos es el pequeño y constante dolor de la ausencia cotidiana.
Primero nos lo da la vida –como un traficante que endulza a sus futuros viciosos– pero luego nosotros mismos dejamos de apreciar lo presente para enfocarnos en el vacío, para usarlo como acicate en nuestras carreras hacia ningún lado.
Eso construye los sueños de los adolescentes –encontrar lo perdido, convertido en algo valioso– y la locura de los solitarios, la tristeza de los inconformes, la insatisfacción de quienes ven las butacas vacías, la cama incompleta, la cita que no fue.
El vicio de la ausencia se niega mucho pero se sufre más porque en estos tiempos de ganadores, el perdedor parece ser un voluntario más que una víctima y la compasión, una pérdida de tiempo.
Pero el amor por la ausencia, innombrable, sigue allí como un rescoldo y nos incendia de golpe cada tanto. Quema sin piedad a los niños a solas, a los adolescentes perdidos, a todos aquellos que no la buscaron pero que luego, con los años, querrán volverla a sentir. Para eso tal vez –también– es el teatro. Para que este mundo que sobrevalora lo que tiene vuelva a recordar que lo esencial le falta. Que hay ideas, momentos y personas dolorosa e irremediablemente ausentes. Y que para ser felices, a pesar de todo, debemos dejar de mirar esa silla donde no hay nadie y construir con los presentes las compañías, los personajes y los eventos que nunca tendremos.
Eso también –tal vez– es el teatro. Reconstruir. Representar.

(Así iba a llamarse el libro con dos obras mías –Super Popper y El Último Barco- que se editará este año, y este iba a ser el prólogo. Pero Miguel Rubio, director del admirable grupo Yuyachkani, ha publicado El Cuerpo Ausente, enfocando la ausencia desde otro ángulo mil veces más poderoso e importante: el de los desaparecidos en la guerra interna que vivió el Perú en los 90. Cambiaré el título y el prólogo).

viernes, 30 de marzo de 2007

Un cuento de Anton Chejov


Poquita cosa


Hace unos día invité a Yulia Vasilievna, la institutriz de mis hijos, a que pasara a mi despacho. Teníamos que ajustar cuentas.
-Siéntese, Yulia Vasilievna -le dije-. Arreglemos nuestras cuentas. A usted seguramente le hará falta dinero, pero es usted tan ceremoniosa que no lo pedirá por sí misma... Veamos... Nos habíamos puesto de acuerdo en treinta rublos por mes...
-En cuarenta...
-No. En treinta... Lo tengo apuntado. Siempre le he pagado a las institutrices treinta rublos... Veamos... Ha estado usted con nosotros dos meses...
-Dos meses y cinco días...
-Dos meses redondos. Lo tengo apuntado. Le corresponden por lo tanto sesenta rublos... Pero hay que descontarle nueve domingos... pues los domingos usted no le ha dado clase a Kolia, sólo ha paseado... más tres días de fiesta...
A Yulia Vasilievna se le encendió el rostro y se puso a tironear el volante de su vestido, pero... ¡ni palabra!
-Tres días de fiesta... Por consiguiente descontamos doce rublos... Durante cuatro días Kolia estuvo enfermo y no tuvo clases... usted se las dio sólo a Varia... Hubo tres días que usted anduvo con dolor de muela y mi esposa le permitió descansar después de la comida... Doce y siete suman diecinueve. Al descontarlos queda un saldo de... hum... de cuarenta y un rublos... ¿no es cierto?
El ojo izquierdo de Yulia Vasilievna enrojeció y lo vi empañado de humedad. Su mentón se estremeció. Rompió a toser nerviosamente, se sonó la nariz, pero... ¡ni palabra!
-En víspera de Año Nuevo usted rompió una taza de té con platito. Descontamos dos rublos... Claro que la taza vale más... es una reliquia de la familia... pero ¡que Dios la perdone! ¡Hemos perdido tanto ya! Además, debido a su falta de atención, Kolia se subió a un árbol y se desgarró la chaquetita... Le descontamos diez... También por su descuido, la camarera le robó a Varia los botines... Usted es quien debe vigilarlo todo. Usted recibe sueldo... Así que le descontamos cinco más... El diez de enero usted tomó prestados diez rublos.
-No los tomé -musitó Yulia Vasilievna.
-¡Pero si lo tengo apuntado!
-Bueno, sea así, está bien.
-A cuarenta y uno le restamos veintisiete, nos queda un saldo de catorce...
Sus dos ojos se le llenaron de lágrimas...
Sobre la naricita larga, bonita, aparecieron gotas de sudor. ¡Pobre muchacha!
-Sólo una vez tomé -dijo con voz trémula-... le pedí prestados a su esposa tres rublos... Nunca más lo hice...
-¿Qué me dice? ¡Y yo que no los tenía apuntados! A catorce le restamos tres y nos queda un saldo de once... ¡He aquí su dinero, muchacha! Tres... tres... uno y uno... ¡sírvase!
Y le tendí once rublos... Ella los cogió con dedos temblorosos y se los metió en el bolsillo.
-Merci -murmuró.
Yo pegué un salto y me eché a caminar por el cuarto. No podía contener mi indignación.
-¿Por qué me da las gracias? -le pregunté.
-Por el dinero.
-¡Pero si la he desplumado! ¡Demonios! ¡La he asaltado! ¡La he robado! ¿Por qué merci?
-En otros sitios ni siquiera me daban...
-¿No le daban? ¡Pues no es extraño! Yo he bromeado con usted... le he dado una cruel lección... ¡Le daré sus ochenta rublos enteritos! ¡Ahí están preparados en un sobre para usted! ¿Pero es que se puede ser tan tímida? ¿Por qué no protesta usted? ¿Por qué calla? ¿Es que se puede vivir en este mundo sin mostrar los dientes? ¿Es que se puede ser tan poquita cosa?
Ella sonrió débilmente y en su rostro leí: "¡Se puede!"
Le pedí disculpas por la cruel lección y le entregué, para su gran asombro, los ochenta rublos. Tímidamente balbuceó su merci y salió... La seguí con la mirada y pensé: ¡Qué fácil es en este mundo ser fuerte!
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Todos los cuentos de este ruso genial están aquí. Y más.

lunes, 26 de marzo de 2007

Lápices rotos

Yo soy pequeña pero ya sé viajar en bus sola. Yo sé muchas cosas. Sé cocinar para mi hermanito. Sé cuidar la casa cuando mamá no viene a dormir. También sé cómo se hacen los niños. ¿Tú sabes cómo te hicieron cuando eras niño? Te dibujaron. Sí. Eres un dibujo. Todos somos dibujos en jaulas cuadradas, de tinta y lápiz. La mamá pone el papel y el papá hace el dibujito. La maestra dice que no repita esas cosas, debe pensar que estoy loca. No estoy loca. Sé todas las tablas de multiplicar del 1 al 14. Pregúntame. ¿9 por 7? 63. ¿11 por 12? ¡143! Sé coser la ropa cuando se rompe y mi mamá no puede coserla porque llora y llora. Sé los nombres de los colores. (Se señala un ojo) Morado. (Se señala el brazo, en diferentes puntos) Negro, azul, lila, rojo. (Se cubre la piel, avergonzada) me gustan los colores. Me gusta colorear pero no me gusta dibujar. Sólo coloreo manchas, en la pared, en los muebles. Mi mamá no quiere que coloree a mi hermanito. Ella me colorea a mí. Y mi papá también. Mi mamá no sabe que cuando ella no está en la casa, viene uno de mis papás, el más malo. Me ayuda a hacer dormir a mi hermanito, que no es su hijo y luego... luego... (Suspira) Si no le hago caso me colorea con sus manos. Todos sus colores son oscuros, fuertes, duros. El viene cuando ella no está y quiere... trata... me enseña a dibujar, ¿usted entiende? (Tiene arcadas). Le diré a la maestra que nunca más quiero dibujar. (Pausa. Mira a los ojos del espectador. Tiembla). Usted... ¿usted no es amigo de mi papá, verdad? (Suspira aliviada. Rompe sus lápices). Esta noche me llevo a mi hermanito. No se lo cuente a nadie. No quiero que mi hermano aprenda a dibujar. Quiero que sea boxeador. Médico. Policía. Jardinero. Carnicero... (Lee los carteles de la calle que ve al paso del bus) Peluquero... Oculista... ¡Ah! En la esquina del oculista bajo siempre. Hoy mamá llega tarde. No nos va a encontrar. Cambiaremos de jaula. (Muestra un borrador). Nos vamos a borrar.

Monólogo mío de un proyecto para Polonia, con personajes que actúan en el bus o en la parada y cuentan sus historias. Programado para el 2008-2009.

jueves, 22 de marzo de 2007

El closet

Siempre supe que la culpa era mía. Que mi hijita no se había muerto por una enfermedad, sino por mi culpa. Hoy tendría 7 añitos si yo no fuera tan mala. Si yo no fuera el monstruo que soy. Correría, jugaría, tendría que prohibirle ver televisión hasta muy tarde tal como me prohíbo ahora salir de este closet. Porque no quiero hacer más daño, pero no puedo evitarlo. Soy dañina. Muy dañina.
Descubrí mi poder cuando murió mi padre. Me metí el chicle en la boca casualmente, sin entender que de él dependería la vida de mi papá. Lo masqué durante horas, como masca una los chicles cuando es una niña nerviosa. Terminé y lo pegué debajo de una silla, y en ese mismo momento mi padre rodó las escaleras. Pero no me di cuenta. No asocié los hechos. Si dejé de comprar chicle fue instintivamente, más por vergüenza de adolescente que por decisión. Y cuando volví a comerlo, volvió a pasar. Bastaba mirar a una persona a los ojos antes de ponerme el chicle en la boca para que ésta fuera condenada a muerte. Lo intuí con Ricardo, mi enamorado, cuando falleció. Su carro chocó en el mismo momento en que yo escupía el chicle en el water. Me dio mucho miedo. Lloré mucho por él. Como lloré cuando nació mi bebé así, enfermita, incapaz, era mi culpa. Y para aliviarla – mejor dicho: para aliviarnos – al saber que lo suyo era incurable me metí otro chicle a la boca mientras le acariciaba la frente, esa frente que nunca tendría ideas, mirando esos ojos que nunca podrían ver. Lloraba y mascaba. Pasé dos días masticando sin sacármelo de la boca. No me atrevía. Me daba pena y mi madre me vigilaba. Había vuelto a meterse en mi vida y creo que me vio cuando lo escupí. La bebé dejó de respirar y murió como mueren tantos a esa edad. Mi madre, en cambio, murió de una forma diferente, luego de pasarse una tarde insultándome, culpándome de todo mientras yo solamente la miraba y mascaba. Me comí otro chicle por mi hermano, el preferido de mamá por ser hombre, y otro más por su esposa, la odiosa mujer perfecta. Todavía deben estar afuera si es que no los han recogido. Creo que no.
Ha pasado el tiempo y el olor se siente todavía. Hace mucho me metí acá con una caja llena de chicles para mascarlos con odio pero sin matar a nadie. Para que no me culpen de más muertes. Aunque sé que eso no va a pasar, porque fueron muertes naturales. Pero igual me escondí. Porque soy culpable aunque sólo yo lo sepa. Yo y tú que me miras a los ojos, asustado. Sal y cierra la puerta. Nunca voy a salir de aquí. Pero antes mírame a los ojos. Prométeme que no vas a contar nada de lo que te he dicho. Mírame, este chicle es de fresa, y va por ti. No cuentes nada porque si no, cuando deje de masticarlo, te vas a enterar.



Uno de varios textos míos para actuar dentro de closets, en la entrada de distintos teatros. Ojalá el proyecto resulte.

Alfredo Bryce Xerox


Recibí de mi amigo Dante un mail reenviado de su amigo que firma cg, quien recopila artículos de Alfredo Bryce Echenique que son, al parecer, plagios de otros artículos originales que también se encuentran en internet.
Ejemplos de ese mail:
Un artículo sobre la dura realidad de las calles, de Bryce Echenique, del 12 de noviembre de 2006. Y otro artículo igualito de José María Pérez, del 10 de noviembre de 2005.
Otro sobre Tabaco y mujer, el de Bryce es del 15 de octubre de 2006. El otro, casi tal cual, es de Eulalia Solé, de julio del 2005.
Finalmente, uno de Bryce sobre John Lennon idéntico a otro de Nacho Parra. Claro que el de Parra es de Julio del 2005 y el de Bryce... de octubre del 2006.

Gracias Dante. Gracias internet. Gracias cg e, inevitablemente, gracias Alfredo por demostrar lo demasiado humanos que somos todos.

sábado, 17 de marzo de 2007

Tom, Buckwell, John and James.


A Tom le gusta la publicidad. En especial la que tiene buenas fotos, como la de Kookai o Aubade, y aquí las muestra. A Buckwell le gusta Mónica Bellucci y tiene acá todas sus fotos, videos, etc. A John Lehmann le gusta hacer foto digital con flash y un equipo mínimo y creativo. A un grupo de Cinemaníacos le encanta coleccionar frases famosas del cine. Y a la gente de www.gigposters.com les gusta sacarte el dinero con posters como este de James Brown –diseñado por Moctezuma- y otros así de buenos. Debería haber un navegador web que se llame Pandora.

Las distintas maneras de beber agua



“El agua estancada no es tan mala en calidad cuando está expuesta al aire como cuando está bajo tierra. Aunque el agua corriente no está necesariamente expuesta al aire; esto sólo es así cuando sale desde debajo de la tierra y fluye sobre ella. Hay que apreciar también, que el agua corriente que discurre sobre la tierra es más sana que aquella que fluye sobre piedras, porque la tierra limpia filtrando las materias extrañas mezcladas con el agua, mientras que las piedras no lo hacen. Pero la tierra debe estar abierta al cielo; no debe ser ni fétida ni pantanosa ni nitrosa similar, porque si un volumen grande de agua discurre rápidamente sobre tierras, los materiales mezclados pasarían a la propia naturaleza del agua. Si la dirección de la corriente fuera hacía el este, y en verano, será entonces considerada como mejor en calidad, especialmente si es recogida lejos de la fuente. Esa agua enseguida se convierte en caliente o fría en el cuerpo. La siguiente mejor agua es aquella que corre hacía el norte. Esta agua pasa despacio a través del estomago y es indigesta y se convierte en caliente o frío en el cuerpo más despacio. El agua que discurre hacía el este o el sur es mala, especialmente si los vientos son del sur en ese momento”

Avicena vivió del año 980 al 1037. Médico, científico y filósofo, autor fundamental para la historia de la Medicina. Escribió El libro de la curación y el conocido como Canon de Avicena, de donde tomé el texto citado. Lo lees acá, a medio traducir y sin indicación de autor. No encontré otras fuentes en internet. Es fascinante cómo la medicina tradicional, tan valiosa, suena a veces tan ridícula como la medicina "moderna".

domingo, 4 de marzo de 2007

Lo mismo diría yo del amor y de la vida


"El teatro está hecho de raíces que germinan y crecen en un lugar bien preciso, pero también está hecho de semillas esparcidas por el viento siguiendo la ruta de los pájaros. Los sueños, las ideas y las técnicas viajan con los individuos, y cada encuentro deposita polen capaz de fecundar. Los frutos maduran de la necesidad ciega, del trabajo obstinado y del espíritu de improvisación, y contienen semillas de nuevas verdades rebeldes"
Eugenio Barba, Brindisi, 1936, citado en un mail del Celcit Argentina que guardaba allá y hoy guardo acá.

domingo, 25 de febrero de 2007

Michael Hoppen Gallery



Muchas galerías que representan fotógrafos de primera tienen sitio web. Esta, la Michael Hoppen Gallery, exhibe un catálogo de artistas online digno de verse. La foto es de Laura Letinsky, de la serie Morning and Melancholia.

Pamuk y su padre en la maleta

Sigo conmovido con el discurso de aceptación del Premio Nobel de Orhan Pamuk, escritor. Habla de su padre, de la maleta de escritos que le dejó y de mil coaas más que nos tocan a todos. Un fragmento:
"La pregunta que los escritores nos hacemos con más frecuencia, la pregunta preferida es, ¿por qué escribes?
Escribo porque tengo una necesidad innata de escribir. Escribo porque no puedo hacer trabajos normales como lo hacen otras personas. Escribo porque quiero leer libros como los que escribo. Escribo porque estoy molesto con todo el mundo. Escribo porque adoro sentarme en un cuarto todo el día escribiendo. Escribo porque puedo participar de la vida real solamente si la cambio. Escribo porque quiero que otros, que todo el mundo, sepan qué tipo de vida vivimos, y seguimos viviendo, en Estambul, en Turquía. Escribo porque adoro el olor del papel, la pluma, la tinta. Escribo porque creo en la literatura, en el arte de la novela, más de lo que creo en cualquier otra cosa. Escribo porque es un hábito, una pasión. Escribo porque tengo miedo de ser olvidado. Escribo porque me gusta la gloria y el interés que escribir conlleva. Escribo para estar solo. Quizá escribo porque espero entender por qué estoy tan, tan molesto con todos. Escribo porque me gusta ser leído. Escribo porque una vez que he empezado una novela, un ensayo, una página, quiero terminarla. Escribo porque todos esperan que escriba. Escribo porque tengo una convicción infantil en la inmortalidad de las bibliotecas, y en la manera como mis libros están en el estante. Escribo porque es emocionante convertir todas las bellezas y riquezas de la vida en palabras. Escribo no para escribir una historia sino para componer una historia. Escribo porque quiero escapar de la sensación anticipada de que hay un lugar al que debo ir pero al que –como en un sueño-, no logro llegar. Escribo porque nunca he conseguido ser feliz. Escribo para ser feliz.”
Discurso completo en inglés, en pdf.

miércoles, 21 de febrero de 2007

El maestro borrachón

Aire y luz y tiempo y espacio

“sabes, yo tenía una familia, un trabajo, algo
siempre estaba
en el medio
pero ahora
vendí mi casa, encontré este
lugar, un estudio amplio, deberías ver el espacio y
la LUZ,
por primera vez en mi vida voy a tener un lugar
y el tiempo para
CREAR”.

No, nene, si vas a crear
vas a crear trabajando
16 horas por día en una mina de carbón
o
vas a crear en un cuartito con tres chicos
mientras estás
desocupado,
vas a crear aunque te falte parte de la mente y de
tu cuerpo,
vas a crear ciego
mutilado
loco,
vas a crear con un gato trepando por tu
espalda mientras
la ciudad entera tiembla en terremotos, bombardeos,
inundaciones y fuego.
nene, aire y luz y tiempo y espacio
no tienen nada que ver con esto
y no crean nada,
excepto quizás una vida más larga para encontrar
nuevas excusas.

Charles Bukowski, Poemas.
(Viejo genial. Dicen que bebía. Aquí hay más de sus restos.)

Feliz cumple


El hada lila cumple años.
El duende naranja saluda
desde una grieta en un árbol en un páramo,
en el sur.

martes, 20 de febrero de 2007

Dicho por un publicista

-¿Con qué aspecto del proceso de creación de un comercial disfruta más?
-V.E.: Los ingleses llevaron a principios del siglo XX a un gran músico hindú a escuchar la filarmónica de Londres. El señor escuchó atentamente cómo afinaban cuidadosamente durante diez minutos, luego tocaron maravillosamente cuatro o cinco piezas. Al final le preguntaron sobre su parecer: -Lo que más me gustó fue lo del principio-, dijo aludiendo al caos armónico del momento de la afinación. A mí me gusta también el principio.

Lo dice Vasco Elola, director de comerciales, en la página web de FilmLatina. Habla mucho de él pero lo que dice de otros es más interesante.

lunes, 19 de febrero de 2007

Fuiste tú


Tú me atacaste primero, sabe Dios por qué. Tal vez te hice ver lo peor de tu alma. Tus ojos perversos, tu rostro siniestro, tu aliento maligno, todo lo tuyo es horrible y por eso me atacaste.
Yo estaba quieto, de pie, mirándote a los ojos. Yo no te maté. Fuiste tú. Por tu culpa están nuestros cuerpos divididos en mil partes. Tú sangrando. Yo enterrado en tu cuerpo, dividido en mil astillas, reflejando -ahora por dentro- tu monstruosidad.

Qué hacer con los mendigos


"Jonathan Swift propuso en un panfleto que los niños de los pobres fueran puestos a la venta en las carnicerías para que reinara la abundancia en el país. Después de efectuar cálculos minuciosos, el célebre escritor probó que se podrían realizar economías importantes llevando la lógica hasta el fin. Swift jugaba al monstruo. Defendía con pasión absolutista algo que odiaba. Era una manera de denunciar la ignominia. Cualquiera podía encontrar una solución más sensata que la suya, o al menos más humana; sobre todo, aquellos que no habían comprendido a dónde conducía este tipo de razonamiento."

Tomado del texto de Bertolt Brecht Las cinco dificultades para decir la verdad, que aparece en varias páginas web, entre ellas La insignia, inteligentísima revista de izquierda. Brecht era Acuario.

No pienses tanto


De la revista Pimba, una guía de bares y diversión de Montevideo.